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EL MALCONTENTO
1534045Paco Gómez NadalLas fotografías pueden ser crueles. Antes del imperio de photoshop, las arrugas eran arrugas; las narices largas, inmensos testigos; la mirada agresiva, una alerta impresa. Ahora todo se camufla, pero se siguen haciendo fotos que nos desnudan en público y sacan el lado oculto de nuestra personalidad.
Eso parecía la pregunta hecha por La Prensa a través de la encuesta regular que realiza Unimer sobre las características del anticandidato a presidente de la República para el electorado nacional. La noticia quizá no generó grandes reacciones políticas ni debates sociológicos o culturales sobre la identidad nacional, pero a mí me pareció una bomba explosiva.
Primero, porque habla de una doble moral casposa y decimonónica; segundo, porque da miedo pensar en que este sea el perfil del panameño medio educado y con acceso a información.
Les recuerdo que según esta encuesta a los panameños no les preocupa tanto que el candidato sea corrupto o ignorante como el hecho de que pueda ser ateo, judío, amigo de Hugo Chávez o defensor de Noriega. Es casi tan grave para los potenciales electores que el hipotético candidato haya sido corrupto como el hecho de que sea homosexual, y ambas son mucho menos graves que la posibilidad de que el personaje, de joven, haya participado en un movimiento de izquierdas.
Es cierto que no sabemos quién formuló las preguntas o si los que respondieron podían proponer las categorías de la ignominia, pero eso no le quita gravedad a las respuestas.
Esto explica, al mismo tiempo, muchas actitudes públicas de la sociedad y el cariño de una parte importante de ella por el presidente Martinelli, que parece encarnar a la perfección el perfil que gusta a los encuestados. Se puede percibir una dictadura moral de las Iglesias católica y cristianas, que marcan los valores retrógrados y conservadores de los ciudadanos.
Los electores no votarían tampoco por un hombre que golpee a su esposa, aunque esto lo atribuyo más a la doble moral si nos fijamos en el alto índice de violencia familiar y de discriminación sexual que imperan en el país.
Imagino, entonces, que no a muchos ciudadanos habrá indignado el hecho de que el Servicio de Protección Institucional (SPI) vaya deteniendo a mujeres que se besan en la calle en lugar de enfrentarse al crimen organizado que tiene penetrada a buena parte de la estructura de poder en Panamá; ni que sea imposible avanzar en la reducción de la discriminación institucional a gais, lesbianas y transexuales; o que parezca aún una quimera que la izquierda democrática tenga un espacio en la vida política del país.
Realmente asusta esta sociedad neocon dispuesta a reducir la diversidad a una anécdota cuasi turística y capaz de determinar qué es válido y qué no lo es; cuáles son las formas de vivir aceptables y cuáles hay que perseguirlas hasta el final. El gobierno de Ricardo Martinelli, tan amante de los neocons estadounidenses y de los sectores más radicales del Partido Republicano (algunos miembros de Cambio Democrático estarían dispuestos a crear el Chicha Party), representa a la perfección esta mirada neoconservadora de la realidad y supone un retroceso de décadas en la lucha por la modernización social de Panamá aunque mueva mucha plata en las calles de este país “modelo” para todo, excepto para el respeto de los derechos humanos fundamentales, tan en contravía de la mirada neoconservadora-religiosa de la sociedad.
Ahora entiendo el amor de los encuestados por ministros como Ferrufino, sin formación académica, pero un auténtico varón sin mancha roja en el expediente y sin dudas de fe.
La encuesta también nos demuestra el fracaso de la democracia meramente electoral. Los votantes deciden, en muchas ocasiones, por este tipo de criterios pasionales y basados en prejuicios e imaginarios culturales perversos. Nos da igual si el candidato tiene un buen programa, un buen equipo de trabajo o es honesto. Como electores, nos da igual el fondo y solo nos quedamos con la forma manipulable (y si no vean el juicio al cónsul panameño en Canarias, defenestrado por vestirse de mujer y no por hacer bien o mal su trabajo).
Sin un aumento significativo de la cultura (que no de la educación formal) de una sociedad no hay posibilidad de evolución. Creo que lo mejor es reelegir a Martinelli en 2014 o poner en su lugar a Varela: santo varón, creyente, heterosexual, nada judío y muy de derechas. Así el Gobierno será, al menos, parecido a los gobernados. ¿O será que los encuestadores tampoco preguntan a la diversidad de ciudadanos sino a un prototipo de “ciudadano de bien”?
• ¿Reformas o Constituyente?: Jorge Gamboa Arosemena
• El brillo del oro: Hipólito Arroyave
• Panamá neocon: Paco Gómez Nadal
• Crisis en el servicio exterior: Fermín Góndola
• La obra inmortal de Cervantes: Carlos A. Voloj Pereira
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