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CONTRIBUCIÓN CIUDADANA
A las madres panameñas se las celebra hoy por su aporte familiar, indudablemente esencial. A la vez debemos considerar la contribución que las mujeres istmeñas han hecho y siguen haciendo para afianzar el sistema democrático. Desde esa perspectiva, son madres de la democracia, cuyo aporte al mejoramiento de las condiciones de vida en Panamá ha sido invaluable y merece reconocimiento.
Muchas mujeres se opusieron a la dictadura militar desde el instante mismo del golpe. Por lo menos una se afilió a la insurgencia panameñista que combatió al régimen castrense en la montaña coclesana. Su lucha tuvo un final trágico: el 1 de febrero de 1969, Dora Moreno –la “Guerrillera Heroica”– fue capturada, torturada, violada y acribillada por elementos de la Guardia Nacional.
Otras –tantas que sus nombres no caben aquí– constituyeron núcleos de resistencia pacífica contra la dictadura. Algunas de ellas pertenecían a la Unión de Ciudadanas de Panamá, agrupación formada por Gladys Jaén de Brannan (madre de la destacada corresponsal de este diario en Washington, Betty Brannan Jaén), quien junto a Aura Emérita Guerra de Villalaz y otras compañeras asumieron posiciones valientes en tiempos de dura represión.
Algunas integrantes de la Unión de Ciudadanas de Panamá iniciaron la publicación de El Grito, un semanario clandestino contra el régimen militar. Como lo expresó Querube Solís de Carles, una de las madres de nuestra democracia:
“La imposición del gobierno de botas y rifles, en 1968, llegó a nuestro país como tormenta inesperada y devastadora… Pero desde sus primeros difíciles días, el espíritu antimilitarista de los panameños se rebela y muy pronto después del golpe un grupo de mujeres comienza a imprimir y a repartir unas hojas opositoras: el periodiquito El Grito” (La Prensa, 18 de enero de 2006).
Fueron incalculables los riesgos que las mujeres de El Grito asumieron en su esfuerzo por informar al público, censurar a la dictadura e impartir lecciones de educación cívica a sus miles de lectores. Tan eficaces fueron en su empeño que los servicios secretos nunca las descubrieron.
En el oscuro cuatrienio comprendido entre 1968 y 1972, El Grito fue una llama que contribuyó a mantener vivo el espíritu democrático en Panamá, según lo exponemos Brittmarie Janson Pérez y este columnista en un artículo de reciente publicación (http://kellogg.nd.edu/publications/workingpapers/WPS/373.pdf).
Años más tarde se constituyó la Unión Patriótica Femenina, cuyo órgano, ¡Basta!, recriminaba a la dictadura su ejercicio ilegítimo del poder. En 1976, tres de sus integrantes –Fulvia Morales, Blanca de Marchosky y Alma Robles– fueron arrestadas por el G–2 y sometidas a vejámenes en los cuarteles de la dictadura, en represalia por su activismo democrático.
A finales de los años 70, otra organización de mujeres, la Asociación Coordinadora de Civismo y Orientación Nacional (Acción), se creó para exigir la instauración de un sistema democrático. En diciembre de 1979, mientras la Guardia Nacional reprimía con crueldad las manifestaciones contra la presencia del Sha de Irán, Accion –encabezada por María del Pilar de Saavedra, Rosario Arias de Galindo y Carmen de La Lastra (redactora principal de El Grito, años atrás)– criticó la política exterior de la dictadura que convertía al país en santuario para violadores de los derechos humanos.
En la década de los 80, la Unión Nacional Independiente de Acción Democrática (Unidad), formada por mujeres panameñas, protestó repetidamente contra el autoritarismo imperante. Muchos lectores recordarán la concentración diaria que, frente a la sede del Ministerio Público, Unidad llevó a cabo durante meses para pedir el esclarecimiento del crimen de Hugo Spadafora y demás víctimas de la dictadura.
La tiranía respondió a sus demandas de justicia con calumnias y hostigamientos. El 13 de septiembre de 1987, por ejemplo, fueron baldeadas con agua sucia por las huestes del “proceso”.
En otras ocasiones, organizaron y apoyaron la celebración de manifestaciones como la “Marcha de Mujeres Civilistas”, el 4 de julio de 1987, para exigir el reemplazo de la dictadura por un sistema político fundado en normas y prácticas democráticas.
Este Día de la Madre, rindamos tributo a las madres de la democracia panameña, muchas de las cuales sufrieron persecuciones y encarcelamientos por sus esfuerzos para establecer un estado de derecho en nuestro medio. Sus sacrificios sirven de inspiración en momentos en que amplios sectores de la sociedad se preocupan por fortalecer la democracia y el respeto por los derechos humanos en Panamá.
• ¿Qué hay detrás de ese asilo?: Mauro Zúñiga Araúz
• Parques nacionales o áreas por proteger: Jorge G. Conte Burrell
• Las madres de la democracia: Carlos Guevara Mann
• Propuesta de libre postulación: Olmedo Beluche
• Usurpando funciones de la familia: John A. Bennett Novey
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