
Opinión |
|
DEGENERACIÓN DEL CONCEPTO
1473766Betty Brannan JaénNUEVA YORK –Una de las cosas muy preocupantes del gobierno actual es la reaparición de prácticas nefastas que creíamos haber superado. A indicios de una remilitarización y el surgimiento de un plan para recriminalizar la difamación, ahora se ha sumado el retorno de Panamá como “cloaca del hemisferio” (frase utilizada décadas atrás por Roberto Arosemena Jaén).
Esa frase se refería a la supuesta “tradición” panameña de refugiar a cuanto hampón, torturador o dictador quisiera eludir la justicia de su país. Siempre el Gobierno panameño del momento defendía el asilo con pronunciamientos virtuosos sobre su deseo de contribuir a la democratización y tranquilidad en la región, cuando lo cierto es que garantizarle impunidad al criminal no contribuye a nada bueno; además, siempre en estos casos había razones para sospechar qué consideraciones oscuras eran lo que en verdad había motivado el asilo. Como ejemplo, solo hay que citar el Sha de Irán. Eso fue durante la dictadura, pero la práctica continuó durante los gobiernos de Endara y Pérez Balladares.
Pero en septiembre de 2000, el caso de Vladimiro Montesinos al fin dejó claro que nos habíamos convertido en basurero. Montesinos, la mano derecha del presidente Alberto Fujimori de Perú, estaba huyendo de la justicia de su país y desesperadamente buscaba asilo. Entre los muchos delitos que se le atribuían estaban los abusos cometidos en su rol como jefe de inteligencia, incluyendo “pinchazos” telefónicos.
César Gaviria, entonces secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), se dedicó a buscarle asilo a Montesinos. Años antes, cuando Gaviria le buscaba asilo a Raúl Cedras, el sangriento dictador haitiano, México, España y Venezuela se habían negado antes de que Panamá aceptara. Por ello, cuando surgió el caso Montesinos, Gaviria ya sabia que no tendría que molestarse mucho. Consultó con Brasil, pero cuando ese país se negó, Gaviria dispuso presionar a la presidenta Mireya Moscoso para que ella aprobara el asilo. Montesinos, incluso, viajó a Panamá en su avión privado, aparentemente pensando que todo estaba arreglado. Varios presidentes latinoamericanos tuvieron la osadía de llamar a Moscoso para presionarla a que hiciera lo que ellos mismos no deseaban hacer; todos encontraban muy cómodo que el perro apestoso terminara en Panamá.
Del otro lado, los defensores de derechos humanos criticaban ásperamente que Montesinos pudiera evadir responsabilidad por sus crímenes con un asilo en Panamá. José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, le escribió a Moscoso y me dijo lo siguiente en una entrevista a la época. “La institución del asilo fue concebida para refugiar a víctimas de persecución ... De ninguna manera puede seguirse prestando para dar protección, impunidad y refugio a criminales, torturadores y violadores de los derechos humanos”. Vivanco opinó que el caso Montesinos ofrecía a Moscoso la oportunidad de señalarle al mundo que Panamá rompía con aquellas prácticas de gobiernos anteriores que habían permitido la degeneración del concepto de asilo. Vivanco consideró que un asilo a Montesinos era “totalmente inadmisible”.
El final del cuento es que Montesinos se marchó de Panamá sin que le dieran el asilo. Hoy, tanto él como Fujimori están presos en Perú.
Veo grandes paralelos entre el caso Montesinos y el de María del Pilar Hurtado y –dada la similitud también con el caso de Ana Matilde Gómez– encuentro risibles las justificaciones que el gobierno de Ricardo Martinelli ha brindado para concederle asilo a Hurtado. Además de que la decisión revela el más “soberano” desprecio por los preceptos de derechos ciudadanos, constitucionalidad, justicia, y rendición de cuentas, se atropella nuevamente aquella imagen internacional que Martinelli pretende defender cuando le conviene hacerlo. Solo días atrás, Costa Rica le negó asilo a otro ex funcionario colombiano que encara cargos penales en su país; la diferencia entre la postura tica y la del gobierno nuestro es una vergüenza para Panamá.
• Lucha de clases: Xavier Sáez–Llorens
• La realidad de mis dos Panamá: Ramiro Guerra Morales
• No al asilo a Hurtado: Betty Brannan Jaén
• Panamá, Centroamérica y el Parlacen: Diógenes Sánchez P.
• El Parlacen y lo extraestatal: Jorge Luis Macías Fonseca
Ediciones anteriores |
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá. - 11