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MALES COTIDIANOS
Hace poco estuve en Canadá y me llamó la atención como, en uno de los países más “primermundistas” de todo el planeta, los ciudadanos comunes y corrientes, viven quejándose de las mismas cosas que nos quejamos los tercermundistas latinoamericanos. Los canadienses se quejan de que las listas de espera en los hospitales son muy largas, de que los políticos solo piensan en ellos y que los servicios públicos han decaído en calidad.
Escuchando esto, se me ocurre que en esta época de mediciones “objetivas”, se hace necesaria la implementación de una escala de qué tan conforme está cada ciudadano con el país en que habita. El nombre de la escala sería “El quejómetro” y comprendería una serie de preguntas estandarizadas, sobre distintos temas, que pudieran aplicarse a todos los países de igual manera.
Aún así, creo que Panamá marcaría números muy altos, dadas las situaciones que vivimos día tras día. Pongo algunos ejemplos para demostrar que tenemos razones de sobra para estar entre los primeros, en lo que a índices “quejométricos” se refiere.
El asunto de la basura en la ciudad capital, ya se pasa de castaño oscuro. Al margen de cuál sea excusa para tenernos viviendo en un gigantesco tinaco, no me parece justificable bajo ninguna circunstancia que llevemos tanto tiempo sin que se recojan los desechos. Que si el presupuesto, la falta de repuestos, o la ridícula pelea entre alcalde y Consejo Municipal. El caso es que los ciudadanos estamos rodeados de basura por todos lados, sin que nadie haga nada concreto. Hace unos días, no recogieron la basura en mi calle por casi una semana.
Lo más desesperante fue que, después de que un vecino hiciera varias llamadas a “personas con influencia”, el camión de Aseo pasó por la calle preguntando por “el administrador” buscando literalmente quien les daba “un salve” para cumplir con su trabajo. Realmente deprimente… Si este asunto de la basura sigue, propongo una solución. Todos nos ponemos de acuerdo el mismo día, y conseguimos camiones, camionetas y carretillas y llevamos la basura frente al edificio Hatillo o en la calle donde vive nuestro alcalde. A ver si así se enteran del problema que vivimos quienes pagamos sus salarios.
Otro tema que nos aumentaría la quejometría es todo lo que se refiera a la percepción que podamos tener sobre el sistema de justicia que opera en Panamá (si es que existe del todo). Entiéndase bien que dije “justicia” y no “ley” pues lo que nos sobran son leyes que, o no se aplican, o quedan sumergidas en medio de una avalancha de recursos inauditos que tienen como único objetivo evitar que algún día impere la justicia en nuestra sociedad. Así, leer lo referente al repugnante caso Cemis es una de las mejores maneras de producir vómitos que pueden encontrarse.
Hace tan solo una semana, leía que el abogado de uno de los implicados, a quien se tiene en una grabación explicando cómo fue que se repartieron los billetes de los legendarios sobrecitos amarillos, ha presentado algo así como una docena de recursos que buscan archivar todo el caso, basado en que nadie le pidió permiso para grabar su detallada explicación de cómo se reparten coimas. Por supuesto, el sistema está obligado a perder un montón de tiempo con los recursos de este maleante, pues definir si fue cierto o no que se repartieron millones es totalmente secundario si se puede obstaculizar la justicia.
Y en esta misma línea, la inaudita sentencia por la que condenaron a dos periodistas por dar una noticia. Aunque no entiendo mucho de legalismos, el concepto aplicado es, en principio, aberrante, pues demuestra claramente que informar puede ser peligroso si tomamos en cuenta que, tarde o temprano, las denuncias podrían llegar a una instancia judicial que condenará a los periodistas. A ver si alguien entiende que la libertad de expresión es un derecho fundamental prioritario en cualquier sistema democrático. El hecho de que el Presidente haya indultado a los condenados, parece tener sus aristas pues esa medida tiene que llenar una serie de criterios técnicos–legales que aún habrá que definir. La verdad es que, por momento, pareciera que nuestra democracia se debilita en lugar de fortalecerse como la lógica indicaría.
Y así andamos… solo basta abrir el periódico en cualquier página y seguramente encontraremos razones para seguir aumentando nuestros números en el quejómetro.
• El ‘quejómetro’: Daniel R Pichel
• Recordar no cuesta nada: Jorge Luis Quirós Ch.
• Legitimar el fraude de 1984: Betty Brannan Jaén
• El silencio también es una opinión: Jorge Luis Macías Fonseca
• Libertad de expresión y nuevos Codepadis: Jorge Gamboa Arosemena
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