
Opinión |
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CAMBIO DE COMPORTAMIENTO
En los resultados de la encuesta especial que una prestigiosa firma realizó para un canal de televisión creo haber encontrado la explicación del extraño comportamiento que observaba en muchas personas. Con una amiga conversaba, entre otras cosas, de lo cara que está la comida, la escasez de todo en el Seguro Social, la delincuencia… En vez de estar reclinada y cómoda, para poder oírla me inclinada hacia delante. “¿Por qué hablas tan bajito?”, pregunté.
Miró hacia todas partes, ¡hasta el techo miró! Casi en secreto me dijo: “¿No sabes que ahora hay “testigos protegidos”, que antes llamábamos “sapos”, que si nos oyen hablando así nos pueden acusar de enemigas del gobierno? Hasta números tienen; el sapo 693463 fue el que informó que dirigentes del Suntracs planeaban cosas horrendas contra el canal y el aeropuerto”. Ya yo había notado personas hablando bajito, como en confesionario; tocándose una oreja como señal de posible “testigo protegido” cerca; y cambios bruscos en la conversación al acercarse los meseros. Por teléfono se habla en clave como en tiempos de la Cruzada Civilista. No entendí lo que mi amiga S.2 (así se identifica) contaba. “¿Supiste lo que pasó donde trabaja el hijo de T. O.? El que está arriba, arriba, regañaba a los muchachos como a niñitos porque tenían la calle trancada, ¡qué novedad”! ¿Mulino?, pregunté. “No, el del cerro”.
Después, por las noticias, entendí que “el cerro” era la colina universitaria donde está el despacho del de “arriba, arriba”, Gustavo García de Paredes, rector de la U. de P. Hace unos días me llama F.G. y dice de un tirón: “No digas mi nombre, estoy llamando desde un teléfono público; a R. L. lo andan buscando; que E.G. avise a la periodista A.M. para que contacte a R.L. que está con M.B. en El P.; no puedo avisarle porque su celular está intervenido”. Mi compadre O., politólogo taxista, llamó para decirme que “El “mechiblanco”, ¡no digas nombre!, dijo que los indígenas que protestaban en Bocas estaban borrachos”. ¿Habrá suficientes pincha–teléfonos para llamadas así en todo el país? Entre amigos nos preguntamos si tenemos los papeles en orden, cédula, licencia, los impuestos, multas pendientes. Miren lo que le está pasando al españolito Paco Gómez Nadal y al periodista panameño Carlos Núñez. ¡Y el pele police!
La encuesta especial que menciono arriba la encontré en el sitio web de TVN-Canal 2. No tengo información sobre la metodología usada, pero el sólido prestigio de la encuestadora, Dichter & Neira, es garantía de seriedad. Un 71.4% dice que el derecho a hacer oposición está en riesgo; el 80.5% teme por el derecho a protestar; el 78.1% dice que está en riesgo el derecho a expresarse libremente. Lo que refleja la encuesta es preocupante: el temor nos atenaza; se ha enquistado en nuestra sociedad. Para facilitar el poder político se puede crear temor por diversos medios: el acoso (inspectores fiscales, de sanidad); la necesidad (te inscribes en mi partido, o te boto); el espionaje telefónico; la manipulación de la ley (Ley Chorizo), etc. Fomentar estos miedos es peligroso; cuando se rompe la barrera del miedo los estallidos pueden resultar caros. Lo sucedido en Bocas del Toro es costosa experiencia política, más dolorosa y costosa para las víctimas del exceso policiaco.
Atemoriza no poder confiar en las autoridades. En Telemetro Reporta, el 12/7/2010, el periodista Álvaro Alvarado preguntó al procurador encargado Bonissi sobre la orden de conducción contra el profesor Jované. Respondió: “Puede ser, lo más seguro, que el señor Jované, igual que otros ciudadanos responsablemente deben presentarse ante las autoridades para aclarar la situación, pero no es la forma correcta señalar que la Policía Nacional ni las autoridades están persiguiendo por perseguir, sino simplemente haciendo las investigaciones del caso”. Cantinflesca y “guabinosa” respuesta que dejó patidifuso al periodista y a mí, patidifusa y asustada.
¿Oyó algún “testigo protegido” que le dije a P. Z. que el gobierno debe averiguar quién instruyó disparar perdigones a la cara de los alzados? ¿Me estarán buscando y no estoy enterada? El Presidente lamentó públicamente lo ocurrido en las zonas bananeras. Parecía sincero, pero no basta disculparse, ni regalar celulares y alimentos a las víctimas; ni repartir culpas entre sindicalistas, oposición y periodistas. Lo que debe hacer es empezar por “deschorizar” la Ley 30. Y extirpar, de raíz los temores que han sembrado en nosotros. Dijo Publio Siro, poeta dramático de la antigua Roma: “El que es temido por muchos, debe temer a muchos”.
• Las tenazas del temor: Berna Calvit
• ¿Hasta cuándo, señor Presidente?: Luis Roberto Pinedo
• Socialismo y liberalismo: Roberto Christian Cerrud Rodríguez
• Nutrición y planes contra el VIH: Josette Sheeran y Michel Sidibé
• Breve análisis de la Ley 30: Carlos E. Rangel Martín
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