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EJERCICIO RESPONSABLE
1375062Carlos Guevara MannLos panameños luchamos arduamente para recuperar la libertad de expresión conculcada durante 21 años de tiranía militar. La lucha se prolongó al período civil, pues –paradójicamente– el desalojo de los militares no significó la eliminación del andamiaje jurídico autoritario que la dictadura erigió para blindar su ejercicio abusivo del poder.
Permanecieron vigentes la Constitución y los códigos del período militar, cuyas disposiciones continuaron rigiendo la vida nacional. En lo que atañe a la libertad de expresión, los esfuerzos ciudadanos eventualmente redundaron en la abolición de las leyes “mordaza” y un mayor acceso a la información.
La pelea fue desigual y cuesta arriba, y muchas veces enfrentó a la ciudadanía con funcionarios de talante autocrático, como un procurador cuya gestión estuvo dedicada a perseguir a quienes cuestionaban su pésimo desempeño en el cargo.
Las demandas ciudadanas –y el apoyo de organismos extranjeros dedicados a la promoción y protección de los derechos humanos– condujeron a un más amplio ejercicio de la libertad de expresión, uno de los puntales del sistema democrático. Un régimen político que no protege y promueve la libertad de expresión es –en el menos malo de los casos– una pantomima de la democracia. Pero, normalmente es una dictadura, de corte autoritario o totalitario.
Cuando se compara a la prensa panameña con sus contrapartes en otros países de la región, un aspecto que sobresale es la energía y la vitalidad del periodismo en nuestro país. En otras latitudes, se nota la reverencia y el temor de los medios por el poder.
Aunque nos falta mucho para alcanzar los niveles de desarrollo periodístico evidentes en las democracias más avanzadas, es alentador advertir el espíritu crítico e investigativo de la prensa istmeña, cualidades que, además, dan sustancia a los elementos democráticos de nuestro sistema político.
Los autodenominados “políticos” –y quienes ejercen o aspiran a ejercer el poder público– tienen que entender que los panameños no vamos a renunciar a derechos primordiales como la libertad de expresión. Deben, además, comprender que la crítica es parte consustancial de la democracia; que aceptarla es el precio que les corresponde pagar por su interés en participar en la vida pública; y que pretender neutralizar a quienes los señalan –mediante ataques personales, hostigamientos y amenazas– es inadecuado y perjudicial para el desarrollo nacional.
El presidente Martinelli ha dicho que garantizará el respeto por la libertad de expresión. Ha exhortado a los medios de comunicación a investigar y criticar “todo lo que haga mal el Gobierno Nacional y que además perjudica a la población panameña” (La Prensa, 4 de mayo). Algunos de sus colaboradores, cuya intolerancia y débiles convicciones democráticas han quedado en evidencia en pocos meses, deberían asimilar las palabras del mandatario y convertirlas en el parámetro principal de su conducta.
Como vehículos para la transmisión de informaciones y opiniones, los medios, a su vez, deben asegurar el ejercicio responsable de la libertad de expresión. Los adelantos tecnológicos han proporcionado mayores espacios de participación ciudadana, lo que es positivo.
Por descuido, sin embargo, en ocasiones los medios se prestan para que a través de ellos se emitan comentarios denigrantes o que incitan al delito. En tiempos recientes hemos visto el uso de los espacios para comentarios –que algunos medios han habilitado en sus portales electrónicos– por sujetos de ínfima catadura moral, quienes escudados en un anonimato cobarde –indigno de un verdadero ciudadano– emiten ultrajes y vilipendios.
Una burla cruel sobre la terrible dolencia física que aqueja a un conocido personaje; una maledicencia perversa sobre la filiación de otra figura pública; y –más grave aún– un llamado a la eliminación de un dirigente gremial opositor son algunos ejemplos de comentarios inapropiados que han sido publicados en las últimas semanas y que los medios de comunicación no pueden permitir.
El ejercicio de la libertad de expresión requiere de respeto puntual por parte de los gobernantes, pero también de mayor cuidado por los medios de comunicación en casos como los descritos. Por lo demás, hay que apoyar a la prensa panameña para que siga ejerciendo su misión con los mismos bríos y el espíritu crítico que la han caracterizado en años recientes.
• El funcionamiento de la CSS: Carlos David Abadía Abad
• Los desechos y la ley: Harley J. Mitchell Morán
• Libertad de expresión: Carlos Guevara Mann
• Derecho a la tutela judicial efectiva: César E. Escobar Vásquez
• Crisis en el Municipio de Colón: Jorge Luis Macías Fonseca
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