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LIDERAZGO ECONÓMICO
Vuelvo a hacer uso del último libro del macromillonario húngaro-americano George Soros.
Desde una visión empresarial, Soros condena lo que él ha bautizado como el “fundamentalismo de mercado”, al tiempo que piensa que la intervención y regulación por parte de los gobiernos debe mantenerse al mínimo necesario.
Los fundamentalistas del mercado sienten que la defensa del mercado, automáticamente, sirve al bien común y que la justa distribución de la riqueza es automática si se permite el libre funcionamiento del mercado.
Ahora bien, la experiencia reciente de la crisis financiera internacional ha comprobado que los mercados financieros no tienden al equilibro, sino a la creación de súper–globos que tienden a reventar, llevando a que los gobiernos tengan que intervenir y salvar el sistema. Como ejemplo reciente, en la cuna del capitalismo, en un momento dado el Gobierno controlaba a toda la banca “privada”, debido a la falta de una regulación razonable.
Hay que separar la participación del mercado de la confección de regulaciones y leyes. La primera se motiva por el deseo muy legítimo de producir ganancias. La segunda tiene que motivarse en el bien común. Cuando el mercado y la confección de reglas y leyes se juntan, el proceso se corrompe y la democracia fracasa en su objetivo como la más justa y recomendable de las organizaciones sociales. Asimismo, cuando las profesiones como la medicina, lo jurídico y el periodismo se convierten en negocios, producen también un efecto desestabilizador en la sociedad democrática.
Es responsabilidad de la sociedad cuidar que estos efectos nocivos a la sociedad democrática no se produzcan.
Vivimos una era de polarización peligrosa. Soros indica que en Estados Unidos, tradicionalmente, se tuvo dos grandes partidos compitiendo por conquistar el centro. Hoy, el centro se ha reducido y la política se ha polarizado peligrosamente. El presidente Obama ha hecho ingentes esfuerzos por reversar esta tendencia, sin éxito alguno. Las últimas leyes de salud lo comprueban; se pasó sin un solo voto republicano.
Mirando hacia el futuro, Soros siente que la recuperación económica se va a quedar sin impulso y que, incluso, puede ocurrir un double dip (segunda recaída) entre 2010 y 2011, ya que el ánimo prevaleciente está lejos de las realidades objetivas; hace un análisis de las crisis de 1982, 1997 y las de 2007 y 2008, y ello lo lleva a esta conclusión. Indica que el sistema se “quebró” y que hay que construir un sistema multilateral nuevo, con principios más sólidos… lo cual aún no se está haciendo. En todo este traumático período, Estados Unidos es el gran perdedor y China está posicionada para emerger como el gran ganador.
Se están planteando, entonces, dos formas de organización económica: un capitalismo internacional (representado por Estados Unidos, que está en quiebra) y el capitalismo de Estado (representado por China, en ascendencia), ninguno de los cuales es muy atractivo.
En sus relaciones con los autócratas de los países ricos en recursos naturales, China está repitiendo errores de los poderes coloniales de antes; ejemplos: Burma, Sudán, Zimbabwe, Congo, Angola y ahora, Guinea.
China, demasiado acostumbrada a pensar que es víctima del imperialismo, no se da cuenta de que está –en efecto– comenzando a ocupar el puesto de imperialista.
Soros espera que la cúpula china se dé cuenta de lo que le está ocurriendo y eleve su estatus de liderazgo mundial, ya que –tal cual lo percibe– el futuro del mundo depende de que así sea.
• Capitalismo vs. sociedad abierta: I. Roberto Eisenmann, Jr.
• La hora de la Iglesia: Basilio Dobras R.
• Una revolución de la educación: Richard Morales
• Inconsciencia ambiental ciudadana: Arturo Rebollón
• ¿Chantaje de qué?: Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
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