Opinión

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EL MALCONTENTO

Si gana el miedo, perdemos todos

1364703Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

No es nada nuevo. Los arquitectos del poder descubrieron en la segunda mitad del siglo XX y, especialmente después de la caída –o tumbada– del Muro de Berlín, que había que cimentar la catedral del miedo: miedo a los terroristas, miedo a la crisis económica, miedo a perder “lo que tenemos” –aunque lo que se tenga sea un cable pelado–, miedo a la delincuencia común y a los comunes que delinquen, miedo a la izquierda, miedo a Chávez y a sus palabras, miedo a la gordura, miedo a la soledad, miedo la fealdad, miedo del vecino, miedo de lo desconocido, miedo de las profecías mayas y miedo de los besos sin mascarilla, miedo a la enfermedad, miedo al miedo…

En Latinoamérica, hasta bien entrados los 90 el principal miedo era a los comunistas: seres que comían niños, que querían quitarnos todo lo “bueno” que los dictadores de derechas y el Departamento de Estado nos había dado. Sigue inoculada esa paranoia entre nuestra gente, que confunde izquierda con comunistas y comunistas con barbarie. Pero en Panamá, el Ejecutivo de Martinelli está consiguiendo, con cierto atraso, lo que algunos de sus próceres del norte han cuajado con el tiempo: ha provocado miedo antes de que nada ocurra.

Con excesos verbales bien pensados, un par de leyes tan estúpidas como trogloditas y el nombramiento de unos cuantos gorilas acá y allá (como el que califica de poesía todo lo que no le gusta –se nota que no ha leído en su vida nada más que los manuales del Perfecto Fascista Latinoamericano— ha logrado que una buena parte de la sociedad tenga miedo. En los pasillos de la ciudad de Panamá y en las veredas del interior se habla de dictadura civil, se baja la voz para expresar la preocupación por la represión venidera, se huele el miedo a kilómetros. El sindicato comeniños está agazapado en los cuarteles de verano y la sociedad civil se esconde en renqueantes justificaciones dejando que el poder desvíe la atención sobre los asuntos importantes: una corrupción desmedida, una ineficacia en la gestión de lo público monumental, unos delincuentes que asaltan negocios a la luz del día porque saben que la Policía es de mentira y una Asamblea y un orden judicial que parecen más bien una reunión de patio y un desorden inmoral.

El miedo está ganando la partida antes que la realidad. Y ese es el mejor triunfo de estos arrogantes gobernantes de la miseria. No podemos ceder al miedo, hay mucho margen de actuación, de defensa de las esquirlas de esta democracia defenestrada antes de haber madurado. La sociedad civil, ese término ambiguo para definir el todo y la nada, es más amplia que un par de clubes de empresarios y un par de asociaciones más o menos acomodadas. En los barrios hay organizaciones poderosas de base, en el interior cientos de comunidades están organizadas y luchando. Su voz debe ser escuchada pero, para eso, unos cuantos medios de comunicación deben limpiarse los oídos y hacer de altavoces de la dignidad.

Los análisis simplones de la realidad solo alimentan el miedo y la ignorancia. Se sataniza a los maestros, se estigmatiza a los campesinos, se trapea el piso con los ambientalistas, se ignora a los indígenas. Quizá, si le damos la vuelta al argumento, esto ocurre porque el poder le tiene miedo a la gente y eso es esperanzador. Miedo contra miedo, luz contra oscuridad, poesía frente a tongos, palabras contra afrentas, ciudadanía contra carcelazos, ríos libres frente a muros de cemento, alzamiento en almas contra las armas de la torpeza.

[Si nos apegamos a la ley, hoy debería comenzar la condena de monseñor Ulloa y su combo. El sábado y el domingo cerraron las calles del Casco Viejo de Panamá de forma violenta, con vallas de ciclón, policías hasta en la sopa y requisas. ¿La Iglesia católica también le tiene miedo al pueblo? Lleven cuidado con hasta dos años de cárcel por cerrar así las calles. Me gustaría saber si la Policía y el SPI harían lo mismo ante un evento evangélico, de la comunidad indostana o de los afrodescendientes… no creo. El poder siempre ha cuidado a sus aliados]


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