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EL MALCONTENTO
1358042Paco Gómez NadalVamos a mirar al mundo, a este sancocho de países donde se apiña la humanidad y por cuyas banderas matamos y vivimos como si el azar no tuviera que ver con el cómo y el cuándo. Lo vamos a mirar para aprender de desarrollo, de las bendiciones de las inversiones en grandes proyectos de explotación de los recursos naturales, de cómo las multinacionales mineras han mejorado la calidad de vida de todos los lugares donde desembarcan con su canto de sirena (casi siempre, como acá, ayudadas por los prolijos gobiernos locales cuyos funcionarios terminan siendo accionistas o beneficiarios del negocio).
Ejemplo 1. Perú, una de las mecas de la minería en Latinoamérica. Grandes beneficios –para las multinacionales, grandes inversiones –que se recuperan con creces–, cero desarrollo. El sector minero en Perú da empleo a menos del 1% de la población trabajadora del Perú, es decir, casi nada. La tecnificación de la minería ya ni siquiera permite malmorir en la mina.
La Oroya, una de las poblaciones mineras con 70 años de explotación es la octava ciudad más contaminada del mundo; en Cerro de Pascua, otro lugar de minería, ocho de cada 10 niños están intoxicados con metales pesados. En total, se calcula, que unos 250 mil peruanos están intoxicados con metales pesados. Gran desarrollo.
Ejemplo 2. República ¿Democrática? del Congo fue bendecida con una maldición: el coltan. Este mineral negro, del que Congo tiene el 64% de las reservas mundiales, es el que se utiliza para fabricar las baterías de todos los celulares o los computadores portátiles que utilizamos en el resto del mundo. También es la razón y la financiación de las guerras en centro África. La ONU asegura que con la “explotación mineral en Congo” se financia a la guerrilla ruandesa y deja grandes cantidades de dinero a los militares de alto rango de Uganda. Las minas de coltan son lugares de esclavitud en pleno siglo XXI. Congo se desarrolla gracias a la minería y a la inversión de empresas multinacionales, en su mayoría norteamericanas.
Ejemplo 3. Cerca del 40% de los bosques indonesios están siendo explotados por compañías mineras, entre ellas la todopoderosa británica Río Tinto. Decenas de miles de personas han sido desplazadas de sus comunidades y un ejército de paramilitares, con la anuencia del Estado, mantiene el control de las áreas concesionadas. Las multinacionales acumulan denuncias que van desde el delito ambiental a la violación de mujeres. La cosa no es muy diferente en la India, donde la población tribal se ha armado en una guerrilla para defenderse de los ataques paramilitares financiados por las empresas mineras. Estos deben ser ejemplos de minería sustentable.
Estos pequeños ejemplos ilustran perfectamente el futuro de Panamá, gracias a la política de “cambio” promovida por Ricardo Martinelli. Cambio de las leyes para permitir la inversión directa de gobiernos en el sector de minería; cambio en la visión de un Panamá verde y ecoturístico gracias al botín de cobre que hay entre Cerro Colorado y Petaquilla; cambio de caciques porque después de recuperar el país de las garras del imperio del norte ahora se lo vamos a entregar a las empresas del norte, del este o de donde vengan…
El beneficio económico no es para Panamá, los daños ambientales y sociales sí. Un informe de Danny Kennedy, de la organización Proyect Underground señala que “los países industriales consumen más de dos tercios de la producción anual de los nueve minerales más importantes. Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón y Europa Occidental, con el 15% de la población mundial, en conjunto consumen la mayoría de los metales producidos cada año: aproximadamente 61% de todo el aluminio, 60% del plomo, 59% del cobre y 49% del acero. En un cálculo per capita, los distintos niveles de consumo son especialmente marcados: el estadounidense promedio utiliza 22 kilogramos de aluminio al año, el ciudadano promedio de la India usa 2 kilogramos y el africano promedio apenas 0.7 kilogramos”.
Es decir, los minerales son como la cocaína, se producen en el sur, dejan su rastro de muerte y devastación en los llamados “países en desarrollo” con la promesa del “desarrollo” y el beneficio es para los consumidores y las empresas del norte. Bueno, y para los rentistas y comisionistas locales. Nada nuevo en Panamá (cuyas élites, como señala Julio Manduley) siempre han vivido de las sobras de los inversionistas extranjeros, sin hacer nada, excepto daño. Terrible negocio para los panameños.
• El viceministerio del Miviot y su responsabilidad prioritaria: Álvaro González Clare
• ‘Open’ mochila: Amarilis Montero
• Un mal negocio para Panamá: Paco Gómez Nadal
• El cumplimiento de la garantía: Irving Domínguez Bonilla
• Moneditas tentadoras: José A. Claus
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