Opinión

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VISITA PRESIDENCIAL

Para recibir al invitado

Berna Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

Silvio Berlusconi, el controversial primer ministro italiano, visitará Panamá el próximo junio. Estoy preparando el ánimo para la visita de este señor cuyo nombre no me hace pensar en pizza, espagueti, la Fuente de Trevi, o Venecia. ¿Será porque las noticias y artículos que lo mencionan repiten palabras como machismo, bufonadas, jactancia, escándalo, sexo, funambulesco y abuso? Y velinas, las jovencitas que lo acompañan en todas sus actividades, de gobierno o privadas y que públicamente lo llaman “Papi”.

El empresario multimillonario, notorio por sus expresiones ordinarias y sexistas, es un político circense. Villa Certosa, propiedad del magnate en la isla de Cerdeña, se hizo noticia mundial cuando no pudo impedir la publicación de fotografías y noticias (El País, España) de señores y jóvenes mujeres “con las vergüenzas” al aire, en un ambiente de dolce vita y retozos que no requiere esfuerzo imaginarse. Ni el destape del “Noemígate” y de las velinas –a las que, cuando “acoge en su seno” halaga con joyas en forma de mariposa– ni sus líos matrimoniales y de otra naturaleza, han logrado desbancarlo del poder aunque la última encuesta lo muestran en descenso.

A Berlusconi parecen importarle poco las críticas; más bien las disfruta y las repite. Abiertamente usa aviones del Estado para transportar amigos, cantantes y velinas a Villa Certosa; y ¡enanos!, que no creo sean para emular a Tattoo, el que en la serie de televisión La isla de la fantasía, acompañaba a Ricardo Montalbán (Mr. Roarke); en esta isla se cumplían las fantasías de los huéspedes, sin importar su índole, a condición de que no revelaran nada acerca del lugar. Pero los paparazzi italianos se las arreglaron para fotografiar con teleobjetivos (que acercan la imagen) algunas de las actividades que se realizan en Villa Certosa.

Berlusconi es dueño de un imperio de medios de comunicación masiva (seis de siete televisoras) que minimizan sus excesos y neutralizan a sus adversarios. Con las pinzas de su poder el Parlamento aprobó una ley que le otorga inmunidad; sus partidarios aducen que fue elegido para gobernar el país sin tener que ocuparse de procesos judiciales; blindado así puede seguir, como hasta ahora, usando su investidura como le venga a gusto a su cuerpo, sus excentricidades y sus intereses, pese a estar acusado de corrupción y fraude fiscal en dos juicios; de amenazar a la Autoridad Garante de las Comunicaciones; de presionar para cerrar un programa de debate que lo adversa y de irregularidades en listas electorales de su partido. Sus aliados parlamentarios también le cerraron el paso a una moción para debatir sobre comportamiento y ética privada.

Tras ser agredido por un perturbado mental, agradeció las “muestras de amor y preocupación de su pueblo” escribiendo el libro El amor siempre gana a la envidia y al odio, (título cursi para mi gusto), editado por Mondadori, una de las más importantes casas editoras italianas, propiedad de SB; con tantas velinas y líos andando, dudo que haya escrito una línea del libro cuyas ganancias donará, magnánimo, a obras benéficas. En un comunicado defiende “el carisma, la humildad y la respuesta extraordinariamente eficaz” del papa Benedicto XVI ante los abusos a menores por parte de sacerdotes católicos. La debilitada oposición italiana sostiene que el apoyo de SB, –que alardea de que las mujeres “hacen cola” ahora que está en proceso de divorcio– es para presentarse, aun con conducta tan contradictoria y abiertamente escandalosa, como paladín de los valores cristianos y ganar el voto católico.

Una biografía sobre SB, dice que su popularidad se debe a que los medios lo proyectan como el “muchacho pobre que trepó por su propio esfuerzo, sin pedir permiso ni perdón y, a menudo, pisoteando los dedos de otros trepadores”. Enajenado por su poder económico ambicionó y logró el poder político, combinación peligrosa en cualquier parte del mundo.

En su primer viaje presidencial a Europa, Ricardo Martinelli se entrevistó con Benedicto XVI y con Berlusconi, de quien dijo, en declaraciones al diario Il Giornale, era “el mejor presidente que ha tenido Italia, junto a De Gasperi”. El Gobierno italiano, es decir SB, donará a Panamá becas, un hospital y ayuda técnica para combatir el narcotráfico. Magnífico. El año pasado, en Milán, en una de sus usuales indiscreciones públicas SB dijo a nuestro presidente: “Querido Ricardo, prepárame un recepción digna.

Has hablado de todas las atracciones de tu país, que seguramente existen y que conozco. Pero, ya en privado, te pido que me prepares otras atracciones que me llegan más al corazón”. Sé que nuestro presidente no complacerá solicitudes “privadas” de Il Cavalieri SB. Atendiéndolo con el respeto que su cargo merece sabrá hacerle notar, con tacto, que está en Panamá. No en “Bernuscolandia”.


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Para recibir al invitado: Berna Calvit
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