Opinión

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CONTAMINACIÓN VISUAL

La ciudad de las luces

Orlando Acosta
opinion@prensa.com

No se trata de París, se trata del reflejo de la pantalla gigante que asalta y deslumbra con su impertinente brillo y perpetuo titileo a transeúntes, conductores, amas de casa y todo ser que se atreva a circular o vivir en el sector de Marbella en ciudad de Panamá.

Hace ya varias semanas que varias personas me han señalado el tema de la valla lumínica de formato gigante sobre un edificio a un extremo de la Avenida Balboa. Supongo que el evento luminoso celebra, por parte de promotores y publicistas con el más puro egoísmo, el reflejo de miseria e indolencia urbana hacia la ciudad de Panamá, a sus ciudadanos en el entorno de la polémica cinta costera.

Mi interés sobre el tema de las vallas gigantes y su impacto en el entorno urbano me llevó a buscar qué había sobre el tema en otras latitudes y cómo se analiza el impacto de dichos aparatos publicitarios. Obviamente no encontré ninguna referencia de sociedades del Tercer Mundo o de aquellas que pretendemos llamarnos “modernas”.

La Commission for Arquitecture and the Built Environment del Reino Unido ha estado evaluando el impacto de esta publicidad gigante de carácter luminoso en el entorno urbano de Inglaterra y el Reino Unido. La discusión de su uso y regulación en la sociedad británica viene siendo discutida hace tiempo y se encamina hacia un proyecto de directrices para regular la ubicación y operación de grandes pantallas digitales luminosas en espacios públicos. Esto está en marcha desde julio de 2009. Veamos.

Las primeras pantallas luminosas de formato gigante en ciudades del Reino Unido se estrenaron para la transmisión de los Juegos Olímpicos de Beijing. El carácter de las pantallas fue temporal, como discutido por expertos en desarrollo urbano.

La discusión se centra en el desmejoramiento de la calidad urbana, destrucción de los valores estéticos de las ciudades inglesas, contaminación visual, control de multitudes y la promoción de libar en espacios públicos.

Los impactos han sido dramáticos en la sociedad inglesa. El permanente parpadeo de las luces y lo que se han propuesto regular apunta hacia lo que ellos han calificado como “la mutación de un terrible video pop de 24 horas continuas”.

En el seno de la organización municipal británica se discuten los costos de mantenimiento. Las instituciones inglesas dedicadas a la conservación de ciudades y los valores patrimoniales discuten también los efectos en la desvalorización de estos espacios. Todos coinciden en que los recursos asignados a construir y mantener los adefesios luminosos urbanos podrían asignarse a otras prioridades de recreación y cultura de sus ciudades.

Ahora mi pregunta, ¿qué hacen y opinan en Panamá las autoridades administrativas y municipales de la ciudad y las instituciones que regulan los asuntos urbanos sobre el efecto de la valla gigante que se ha tomado la esquina de la cinta costera?

Como colofón del asunto, las autoridades de educación y cultura han pasado por alto lo que señaló una ciudadana en otro espacio de opinión, y lo que los promotores de la pantalla gigante y quienes se anuncian allí, en decirnos además, que negocio se escribe con la letra ese.


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