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VIDAS TRUNCADAS
La noticia en La Prensa de 24/2/2010 me estremeció el alma, y me indignó. Para la televisión la noticia era “periódico de ayer”; no había sangre fresca para mostrar en la pantalla. El repudiable fallo de la jueza tercera de circuito de Coclé que manejó el caso del accidente de noviembre 2007 en Las Guías, que resultó en la muerte de tres niños, recrudece el dolor de sus familiares. Con asombro e ira leí que luego de analizadas las pruebas la jueza concluye que la conducta del conductor al momento del accidente “no encaja en ninguna de las modalidades de culpa”; “las pruebas idóneas y contundentes indican que no conducía con imprudencia”, por tanto lo absuelve.
Toqué fondo al leer que “La sentencia también niega la solicitud de indemnización de 175 mil dólares por daños y perjuicios presentada por la abogada querellante, tras considerar que el daño emocional y la cuantía no están debidamente probados”. ¡La juez descubrió la fórmula para comprobar debidamente el daño emocional! ¿Usó la matemática? ¿Se mide por yardas, centímetros, hectáreas? ¿Se pesa en onzas, toneladas? ¿Cómo se tasa el dolor de los padres, el futuro truncado de los niños? ¿Valen Edwin, Zunaila y José 58 mil 333.33 dólares cada uno o, ni siquiera eso? Vale preguntarse para qué existen las indemnizaciones si la vida no tiene precio.
No hay suficiente dinero en el mundo que calme el dolor de perder un hijo, menos en esas circunstancias. La indemnización no alivia el dolor de los familiares pero es buen castigo para el bolsillo de los irresponsables. Allí sí les duele. Autoexculparse (mejor con la ayuda de un juez), aplaca la conciencia. Los comentarios de los lectores (en internet) contra la jueza fueron duros y suspicaces.
Dos amigos, prestigiosos abogados, opinan que el fallo muestra falta de sensibilidad y que no le correspondía a la jueza emitir juicio sobre “daños emocionales”. Como de leyes sé poco, busqué la definición del “daño moral” que mencionaron; es “lesión en los sentimientos que determina dolor o sufrimiento físicos, inquietud espiritual o agravio a las afecciones legítimas, y en general toda clase de sufrimientos que no se puede apreciar en dinero”.
El sector de Las Guías de Antón acumula un trágico historial. A lo largo de la Panamericana existen puentes elevados que la dispersa población utiliza poco; por economía no se construyen con rampas de acceso sino con empinadas escaleras, nada prácticas para ancianos o discapacitados, para los que utilizan bicicletas, caballo, o llevan carga; hay quienes cruzan la vía con riesgos para no tener que caminar hasta el puente.
Estos elementos, negativos resultan en muertes, dolor, mutilaciones, orfandad. En el año 2008, tres mujeres (Yanilka, Betzy y Severina) murieron atropelladas por una conductora que manejaba a alta velocidad; las madres, una de ellas embarazada, regresaban a casa después de dejar a los niños en la escuela. En el 2007 tres niños, de 7, 11 y 13 años murieron atropellados cuando se dirigían a la tienda en bicicletas; el conductor adujo que se lanzaron a la vía; algunos testigos dijeron que estaban en la vereda paralela a la carretera y que el conductor iba a alta velocidad.
Un ingeniero civil de experiencia con quien comenté la noticia me dio explicaciones técnicas sobre rectas, curvas, peralte, y capacidad y tiempo de respuesta; concluye que la amplia visibilidad del tramo recto propicia el exceso de velocidad; pudo ser, también, un descuido (hablar por celular, cambiar de emisora), pero a su juicio, con velocidad prudente se hubiera podido esquivar a los niños.
Son muchos los casos de sujetos que ebrios de alcohol, droga, o velocidad, o que, sintiéndose omnipotentes por su influencia social, económica o política, se pusieron al volante de un auto despreciando el valor de la vida humana. La niña de papi y mami atropella, deja atrás a una madre lisiada y su hijo muerto, y con “el apoyo familiar” sale bien librada; una pareja muere en colisión cuando un abogado parrandero los embiste y astutamente evade la prueba de alcoholemia; otra jovencita atropella a un anciano en Calle 50 y escapa, sin sentir la necesidad de asistir a la víctima.
Y muchos están libres, “todo bajo control”, porque la justicia no se pone del lado de los muertos. Ofende y duele la indiferencia de las autoridades; la impunidad y la manipulación de la justicia. ¿Por qué no hay dinero para cámaras de vigilancia, medidores de velocidad, patrullaje constante y advertencias repetidas en áreas peligrosas? Porque se malgasta en viajes innecesarios, publicidad vacua, planillas infladas, proyectos alocados. ¿Cuándo, de verdad, se pondrán los gobernantes en los zapatos del pueblo? Edwin, Zunaila y José nunca lo verán.
• Edwin, Zunaila y José: Berna Calvit
• Semáforos, ni inteligentes ni culpables: Fernando Toledo
• La metáfora de la rana hervida: John A. Bennett Novey
• ‘¡Viva el rey, larga vida al rey!’: José A Claus
• Sobre censos, encuestas y otros asuntos: Azael Alvarez, S.
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