Opinión

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CIUDADANOS HONRADOS

País de excepciones

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

“La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos”, Parménides De Elea.

Hace tres años, a raíz de un escrito mío sobre corrupción, tuve una conversación con un periodista de prestigio académico y trayectoria cultural. Hablamos sobre la gente que controla la opinión en el país. Concordamos que políticos, abogados, reporteros, sindicalistas y gremialistas dominan los segmentos de entrevistas y noticias. Quizás, por eso, nuestra sociedad no logra superar el subdesarrollo. La clase intelectual o productiva raramente incursiona en la palestra pública.

Nuestras primeras palabras fueron para intercambiar percepciones. Le pregunté si él creía que hubiese algún político honesto en suelo istmeño. Me dijo que, sin pretender certeza absoluta, sólo le venían a la cabeza dos posibles nombres: Guillermo Endara y Chinchorro Carles. Asentí. Para seguir el hilo temático, me cuestionó: “¿conoces abogados honrados?”. Contesté: “me la puso difícil pero, ¿qué tal Angélica Maytín, Giulia De Sanctis, Magaly Castillo, Juan Antonio Tejada, Dany Kuzniecky o Carlos Bolívar Pedreschi?”. Tampoco tuvo objeciones. Proseguí el juego. ¿Periodistas o columnistas cristalinos? Comentó: “he escuchado rumores negativos de casi todos y no me atrevo a poner la mano en el fuego por ninguno”.

Le mencioné a algunos, formales o aficionados, con o sin título, de los registrados en mi memoria, María Mercedes de Corró, Lina Vega, Guillermo Sánchez Borbón, Roberto Eisenmann, Fernando Berguido, Guido Bilbao, Raúl Leis, Carlos Iván Zúñiga (Qepd), Daniel Pichel, Juan Carlos Ansín y Néstor Jaén (sacerdote, qepd). No desaprobó la oferta. Finalmente, nos pedimos identidades de dirigentes sindicales o gremiales de reputación honorable. Silencio prolongado Todos responden a ideologías sectarias o a mejores postores. En Panamá, tristemente, resulta más fácil listar corruptos que evocar excepciones.

Recordé esa pasada tertulia debido a las actuales denuncias de enriquecimiento ilícito de gobernantes, diputados y funcionarios de nuestra vilipendiada patria. Múltiples escándalos han acontecido durante los últimos 20 años (durodólares, Cemis, helicóptero baleado, fundaciones financiadas por Taiwan, votos comprados para magistrados, tráfico de indocumentados, FIS, uso inmoral de información privilegiada, licitaciones amañadas, empresas fantasmas, coimas para facilitar trámites, etc.). Hasta la fecha, empero, ningún pez gordo tras las rejas.

El contubernio entre la CSJ y la Asamblea, bajo la complicidad de los presidentes anteriores, ha propiciado una crónica impunidad. Claramente, las personas que viven de la política tienen, como objetivo primordial, la idea de tornarse millonaria a través del usufructo de los bienes del Estado.

La forma más segura de acumular fortuna es contratando abogados con habilidad para convertir delitos en virtudes mediante tecnicismos rocambolescos. Louis McHenry Howe, asesor del presidente Roosevelt, decía que “nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado”. O como argumentaba un lector anónimo, “la única diferencia entre un político y un ladrón es que yo elijo a uno y el otro me elige a mí”.

Después de tomar una taza de café, especulamos sobre la génesis de la conducta espuria de la sociedad panameña. Primero, concordamos que hay mucho profesional decente que no se mete en política porque le va bien en su vida privada. José Luis de Villalonga, periodista español, alegaba que “la política era el arte de los incapaces de triunfar en privado”.

Otras razones potenciales que espantan a las personas serias y competentes incluyen bajos salarios estatales, calumnias fáciles sin fundamento, intransigencias de ciudadanos anárquicos, multiplicidad de trabajadores holgazanes, presencia de planillas abultadas y persistencia de burocracias desgastantes. Segundo, discutimos el impacto que la familia y escuela ejercen en la probidad del individuo. Aunque, indudablemente, la impronta genética y el ejemplo hogareño influencian significativamente las cualidades del ser humano, éstas se diluyen o relajan si los estímulos de rectitud no se refuerzan a nivel escolar y social. En nuestros colegios, sin embargo, algunos docentes exaltan el juego vivo a través de sus inadecuadas actuaciones.

Los medios televisivos, además, enseñan que con violencia y narcotráfico se consigue toda clase de lujos a edades tempranas y sin necesidad de estudios. Tercero, concluimos que, más allá de los valores familiares y educativos, el aspecto más importante para enderezar al colectivo y depurar la podredumbre es mediante la implementación de controles administrativos rigurosos para prevenir abusos y certezas de castigo para los que osen violarlos. Es, precisamente, en este punto donde registramos las principales deficiencias.

Como las estrategias de profilaxis demoran bastante tiempo en conquistar los ansiados propósitos, necesitamos, mientras tanto, construir cárceles para albergar a un sinnúmero de delincuentes de saco y corbata que pululan por ahí, procedentes de todas las toldas partidistas. Con esta simple medida ejemplar, tomaría solo una generación para transformar la nación en un paraíso donde se viva de forma civilizada, decorosa y transparente. De lo contrario, si la sociedad no combate firmemente la corrupción, acabaremos todos integrándonos a ella.

¡Erradiquémosla ya!


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