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A Núremberg se la llamaba la capital del ‘gingerbread’ o ‘yinyinbré’ como lo pronuncian algunos aquí. Escultores, pintores, talladores y orfebres contribuían a la elaboración de las más bellas tortas de jengibre.
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ANA ALFARO
ESPECIAL PARA LA PRENSA
vivir+@prensa.com
La ciudad alemana de Núremberg, a pesar de tener una población relativamente modesta (501 mil en 2008) es grande por otros motivos.
Fue ahí donde Martin Behaim inventó el primer globo terráqueo (fue en 1491 así que no aparecía América); el primer reloj de bolsillo, y el tren más rápido del mundo, que opera en Shanghai. También es tristemente célebre por los juicios tras la II Guerra Mundial en 1947.
Pero si hubieses visitado Nuremberga, como se le llamaba en el entonces (en español) en diciembre de 1647, hubieras visitado el Christkindlmarkt, o mercado navideño. Entre los puestos de venta, encontrarías tallas navideñas hechas a mano, salchichas especiales y el famoso Nürnberg Kebkuchen, una rica torta con sabor a jengibre. Y es que estos bávaros se tomaban la cosa a pecho: el Kebkuchen solamente lo podían preparar los miembros del gremio de panaderos.
Poco a poco, Núremberg se hizo conocer como “la capital del gingerbread”. Y eso atrajo a que escultores, pintores, talladores y orfebres contribuyeran a la elaboración de las más bellas tortas de jengibre. Corazones, angelitos, guirnaldas y las famosas Hexenhaeusle, o “casitas de brujas” como aquella del cuento de Hansel y Gretel.
De hecho, los panaderos de Núremberg tenían fama de “manisueltos” a la hora de agregar especias a sus reposterías: cardamomo, clavitos de olor, canela, pimienta blanca, anís y jengibre.
Un poco más al oeste, en la capital inglesa, el 24 de agosto se honraba a San Bartolomeo, el santo patrón de Londres, con una feria, donde también se vendía… ¡Vamos! Cierra los ojos y concéntrate… ¡síiii! ¡eres un genio! Pues tortas de jengibre. Y las tortas llevaban troqueladas o hasta dibujadas con pan de oro, la imagen del santo. De tratarse de otras fechas de mercado, habrían figuritas, con icing comestible, en formas de hombrecillos, animales, corazones y flores. O redondas, como las que hoy conocemos como ginger snaps.
Con el tiempo, la confección del pan de jengibre fue reconocida como profesión. En el siglo XVII, solamente los “jengibreros” tenían derecho a hacerlo en las islas británicas, pero el oficio decayó, hasta que hoy, pocos dominan el arte.
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