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ALEGRÍAS
La Navidad, que celebra el nacimiento del niño Jesús, es fiesta cristiana que revive el mensaje “Gloria a Dios en las alturas, y paz a los hombres de buena voluntad”. Para otros, es fecha más material que espiritual o religiosa; para decorar la casa, comprar regalos, preparar comilonas y fiestas; para los niños pequeños, es esperar los regalos que pidieron a Santa o al Niño Dios. Con ilusiones frescas y las esperanzas que se necesitan para seguir adelante, se recibe con ilusiones frescas el nuevo año y con alegría despedimos el año que termina y se marcha arrastrando el saco de problemas que dejó sin resolver.
Sin ánimo de fastidiarle el alborozo a nadie, creo que la alegría de estas celebraciones nace, principalmente, de la efímera euforia que proporciona gastar y gastar; es como si en el cerebro se activara un chip para producir la neurosis consumista que se apodera de buena parte de la humanidad, estimulada con éxito por leyes que rigen la economía, y la publicidad. En enero, sufriremos “la goma” del derroche con el bolsillo vacío y las tarjetas de crédito al tope por habernos dejado seducir por “baratillos” y novedades que nublan el sentido de la realidad económica. En muchas mesas ya no habrá tamales ni jamón; el panzón y rubicundo Santa Claus, el niño Jesús, y los adornos navideños, ya fuera de temporada, volverán a sus cajas.
El 31 de diciembre, otra vez cohetes, parrandas, la familia y los amigos reunidos para esperar el nuevo año. Lo celebramos con esperanzas y deseos de corta duración porque la realidad es que una fecha determinada en el calendario no cambiará el rumbo de nuestra vida. Lo que dejamos atrás no se borra al pasar de un día al otro. Como el Carnaval y otras fiestas, las de diciembre sirven para aliviar temporalmente el empacho de ilusiones defraudadas. Pasadas las fiestas, nada habrá cambiado; los mismos problemas nos estarán esperando.
El balance del debe y el haber de este año no cuadra. Muchas cosas no resultaron bien; otras ni siquiera se intentaron. El renglón déficit es mayor. Por los que tuvieron un buen año, que no fue la mayoría, me alegro. Con el cambio de gobierno, la buena fortuna abandonó a algunos y le sonrió a otros, historia repetida quinquenalmente.
No veo en el horizonte señales alentadoras; la educación permanece estancada, con presagios de tormentas; la criminalidad, cada vez más despiadada, aumenta sin pausa; la cercanía entre el presidente Martinelli y el desprestigiado y arrogante primer ministro italiano Berlusconi, no nos hace favor alguno; las calles y las carreteras nacionales, desastrosas; no convencen los argumentos para establecer bases con asistencia militar extranjera bajo el pretexto de combatir el narcotráfico; el precio de los alimentos, sube, no baja, como sucede con la pobreza; los estragos que causan el sida, el alcoholismo y la drogadicción no son prioridad en la agenda gubernamental; el “pasar la pelota” del Tribunal Electoral, que permitió llevar a Bosco Vallarino a la Alcaldía pese a su ciudadanía norteamericana, resultó mal para el gobierno (que lo ha abandonado a su suerte); no solo por sus muchos traspiés, que lo han convertido en chacota pública, pero también para el Municipio capitalino, que está pagando los platos rotos.
A diario le destapan chanchullos a las administraciones PRD pero, curiosamente, se ignoran los muchos y atronadores escándalos que caracterizaron el gobierno Moscoso (más turbios que el agua que con frecuencia nos suministra el Idaan); en las calles de la ciudad y el campo, trabajan niños pequeños sin la protección social que prohíbe el trabajo infantil; la ciudad es cada vez menos amigable, más caótica, más abusada por codiciosas inmobiliarias.
El presidente Martinelli refiriéndose despectivamente a lo acordado y aceptado por él para elegir dos nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia dice que “no se dejará embaucar por una lista”. ¿Son embaucadores los candidatos y los que los seleccionaron? ¿Fue solo un montaje? ¿Nominará el Presidente juristas de prestigio, probos? Pronto se sabrá.
Para finalizar este poco optimista escrito, el último de 2009, y a punto de irme de viaje a pasar las fiestas con mis amores lejanos, propongo a mi gente hacer esfuerzos para ser mejores ciudadanos; abandonar la apatía y participar más activa y positivamente en los asuntos del país, que no es de los gobernantes, sino nuestro. Que opinemos y protestemos cuando sea necesario defender nuestros derechos. Y propongo, que a pesar de todo, nos permitamos alegrías fuera del calendario de felicidad obligatoria. Las alegrías no se compran en la tienda, ni las fija una fecha del calendario.
• Rigurosidad al escoger a los magistrados: Betty Brannan Jaén
• Sin fecha en el calendario: Berna Calvit
• El gran perdedor: Italo Antinori Bolaños
• Apuntes sobre Cuba con Panamá al fondo: Francisco J. Ibero
• De segundas vueltas o volteretas: Carlos Eduardo Rubio
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