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CONSENSOS
Posdictadura, nuestro Panamá ha logrado muchas cosas importantes, pero a la vez tiene muchas aspiraciones todavía en déficit.
Sin duda, una de las cosas positivas vitales ha sido el logro de una democracia electoral casi perfecta. A pesar de que el mandato popular ha sido –sin excepción– de alternabilidad, a ningún perdedor se le ha ocurrido acusar fraude. Muchos panameños son responsables de este hecho, pero por vivencia propias considero que el padre de esta gran virtud democrática fue Guillermo Endara Galimani cuando resistió grandes presiones internas de “no darle –más nunca– paso al PRD”; recurrió a sus profundas convicciones democráticas y dio pie a “las elecciones más cristalinas de nuestra historia” (palabras de él cuando Guillermo Sánchez y quien escribe le hablamos sobre el tema, preocupados por los bochinches de arnulfistas y de no pocos civilistas).
Cuando muchos otros países hermanos del continente (de izquierda y derecha) afrontan el cáncer institucional llamado “reelección”, y que en Panamá nuestros presidentes sufren de la tentación reeleccionista, la respuesta de nuestro electorado ha sido inequívoca: ¡No! ... así de tajante.
Es así cómo, en lo electoral, nuestra democracia representativa está robusta, institucionalizada y vigorosa.
Pero la democracia ciudadana o participativa aún está raquítica. Todavía nuestros políticos (de todos los colores partidarios e ideológicos) cuando ganan elecciones asumen la postura casi artesanal y poco sofisticada de “me eligieron para que mande …y eso voy a hacer”, o “no voy a cogobernar con nadie”; según algún ministro, el único consenso que habrá es el que se dará “entre el Presidente y él… ¡vaya arrogancia y exceso de vanidad que se mete en el camino de la inteligencia!
Ahora bien …cuando se les alborota la calle pasada la luna de miel, todos estos políticos recurren corriendo a los “diálogos” en busca de “consensos”.
Lo malo es que lo hacen sin convicción, sólo para resolver problemas coyunturales y por eso, aún cuando se logra progresar poco a poco, no llega la participación a formar parte institucional de las “políticas públicas de Estado” (no de gobierno) para atender precisamente los asuntos catalogados como “de Estado”. Para lograr esto se requiere, simplemente, de madurez política y de políticos preparados en los sistemas modernos de gobernabilidad.
Panamá tiene una riquísima historia de consensos nacionales con éxitos extraordinarios.
El más exitoso es el consenso del manejo del Canal, las leyes del Canal y las áreas revertidas. Sin duda que con base a esos consensos a nuestra nación se le reconoce un manejo de un activo de importancia mundial en forma más eficaz y transparente que la que mostró el poder mundial. Y eso es así porque no fueron decisiones “de gobierno” sino “de Estado” con plena participación de todos los sectores de la ciudadanía. ¿Por qué será tan difícil que nuestros políticos entiendan un asunto tan claro, tan pragmático, con resultados reales de éxito indiscutible en nuestro Panamá?
La participación es un complemento a la representación, no una teoría contraria. La participación es un canal paralelo y alternativo a la representación –nunca una parte directa de la misma.
No hay tal deseo de cogobernar; es simplemente que el representante elegido haga uso de la participación ciudadana para lograr una más eficaz gobernabilidad. El político moderno no piensa en escoger entre la representación y la participación sino que piensa en cuáles son las formas más adecuadas e innovadoras de participación para fortalecer la democracia representativa.
Hay métodos de participación ya aprobados por Ley respecto a los fondos que genera el Canal… se va acabando la luna de miel. Ojalá que los hoy gobernantes piensen –por convicción– en la participación (que le siga tocando al pueblo) y no imiten al gobierno anterior que –sin convicción– echó manos a los consensos para resolver líos cuando se le alborotó la calle.
Pero, sigo optimista.
P.D. El buen amigo, Dr. Luis Alberto Picard–Amí acaba de publicar un importante libro titulado Problemas Éticos en la Profesión Médica.
Además de médico y docente con medio siglo de respetada experiencia, el Dr. Picard–Amí es intelectual de profundas reflexiones compartidas y activo miembro de nuestra sociedad civil.
Ha adquirido –nacional e internacionalmente– el codiciado título de “Maestro”; sin embargo, se declara “eterno estudiante” y procura ser permanente “agente de cambio”.
Recomiendo la lectura de este libro con las experiencias y ponencias de este ilustre panameño.
• Democracia representativa… y participativa: I. Roberto Eisenmann, Jr.
• Hidroeléctricas, antes y después: Laura Pedreschi Janson
• A los nuevos magistrados: Hernán A. De León Batista
• Sobre la navegación por el Ártico: Jorge A. Espinosa
• Perspectiva del ecofeminismo en Panamá: Olmedo Carrasquilla II
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