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LO CORRECTO
La Corte Suprema de Justicia: Hoy es el último día de postulaciones para magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Sin duda que será una de las más importantes decisiones de el nuevo presidente, Ricardo Martinelli, ya que la crítica situación del sistema de justicia es lo que más hace peligrar la democracia que tanta sangre y dolor nos costó reconquistar.
Según se desprende de los comentarios de corrillo, es muy difícil pensar que realmente esté considerando nombrar a estas personas que suenan como “ungidas”.
El ex contralor Alvin Weeden Gamboa fue entrevistado por este diario y ofreció las que tienen que ser las declaraciones más valientes y directas que hemos visto en décadas… y lo más importante es que todo el país sabe, desde hace 10 años, que todo lo que declaró es verdad.
Decir, con nombres propios, que en la Corte habrá una taquilla, es suficiente para que el Presidente no arriesgue su gobierno –en sus inicios– con nombramientos de personas tan cuestionadas por sus trayectorias de ser permanentes instrumentos de ex funcionarios hoy con múltiples investigaciones activas de corrupción, nacional e internacionalmente. No tendría sentido alguno que el Presidente hiciera nombramientos tan descabellados cuando tiene, incluso, un magistrado que lo hizo bien y que merece ser nombrado para un nuevo período.
Yo simplemente me niego a creer que esto pueda ocurrir; equivaldría a cambiar la imagen de “gobierno del cambio” por “gobierno de la misma vaina”, y acabar con la esperanza creada en todo un pueblo. Usando las acostumbradas palabras del propio presidente Martinelli, yo reitero lo que creo “¡No puede ser!”.
Salario mínimo: Relato una historia sobre el salario mínimo, una que viví como empresario. Había recién iniciado mi vida profesional y aún cuando nuestras empresas nunca pagaron salarios bajos, existía en Panamá un salario mínimo informal de más o menos 20¢ la hora.
El gobierno de la época (1959) fijó el primer salario mínimo legal en 40¢ (¡el doble de lo que se pagaba!). Frente a una temida crisis recuerdo, como si fuera ayer, una reunión con lleno completo en la Cámara de Comercio en la que observé que los empresarios más experimentados gritaban desesperados “¡será el fin de todas nuestras empresas!”… “¡esto es imposible!”... “¡no podemos pagar una planilla doblada!”…etc.
Yo, que recién me iniciaba, observaba la angustia de los que supuestamente más sabían. Entonces, en medio de los gritos, desde atrás pidió la palabra don Carlos Pérez, exitoso comerciante dueño de Casa Sparton, que se había iniciado desde abajo como microempresario.
Carlos Pérez inició su discurso con “¡Todos ustedes están totalmente equivocados!”… lo cual trajo el silencio curioso de los quejumbrosos, quienes le escucharon decir “no solo no vamos a quebrar, no solo tendremos cómo pagar, sino que 30 días después de pagar el primer salario mínimo de 40¢ todos nuestros negocios duplicarán sus ventas y utilidades… e iremos camino a ser un país más justo y estable!”. Casi enseguida los gritos fueron contra Carlos, con insultos como “¡te volviste loco!”, etc., etc.
A los 30 días , tal como lo pronosticó Carlos Pérez, (q.e.p.d.), las ventas de todos los negocios se doblaron… y eso fue así porque todo aumento de salario mínimo de inmediato se convierte en consumo, y por ende en aumento de ventas y utilidades.
Desafortunadamente ese primer salario mínimo se mantuvo por 12 largos años y no fue sino hasta 1971 cuando se subió de 40¢ a 50¢. Luego, 25 meses después (1974), se subió a 55¢, y en 1979 (cinco años más tarde) a 66¢. En 1982 subió a 88¢… pasaron 10 largos años más… y en el 1992 aumentó a 94¢ ; hubo cambios en 1995 y 1998, y en el 2000 llegó a $1.22 por hora. En la última revisión que se hizo (en 2007) se subió a $1.56 por hora. Como históricamente no se ha cumplido lo de la revisión cada dos años, el salario mínimo se mantiene con un déficit importante e injusto.
El salario mínimo debe ser lo que su nombre indica: el mínimo necesario para vivir decorosamente en cada hogar. Y ¿cómo debe calcularse? –se saca el costo mínimo para que en cada hogar se pueda llevar una vida digna; entonces se divide ese costo entre el número promedio de sueldos por hogar, y eso da como resultado lo que debe ser el salario mínimo.
La diferencia entre esa cifra y el salario mínimo de hoy es el déficit que arrastramos. El pacto social que debe darse hoy debe incluir reformas a los sectores geográficos y aumentos pre–pactados que eliminen el déficit en –por ejemplo– en seis años o los que se consideren razonables; una vez eliminado el déficit, los aumentos sencillamente deben cubrir la inflación real.
Con la crisis económica que vive hoy el país los negociadores empresariales y obreros deben dedicarse a la lógica expuesta arriba, y no a las negociaciones de propuestas y contrapropuestas típicamente exageradas para negociar, como si se tratara de una compra de alfombras persas.
Amigos de la Comisión Nacional de Salario Mínimo: Procuren resolver para siempre con la lógica expuesta que garantiza la justicia para los más vulnerables de nuestra sociedad, logrando que el crecimiento económico se convierta en desarrollo económico y social.
• La Corte / salario mínimo: I. Roberto Eisenmann, Jr.
• Reforma para superar paradigmas viejos : Ramiro Guerra Morales
• ¿Metro o monorriel, cuál es más invasivo?: Marcos A. Mora
• Treinta segundos en ‘CNN’: Carlos Camarena Medina
• ¿De qué sirven las reglas?: María Isabel de Alfaro
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11/20/2009 5:02:15 PM
11/20/2009 4:30:58 PM
El Estado deberia ser ademas "el empleador de ultima instancia", lo que acabaria esa otra lacra que es el desempleo. Keynes decia que el libre mercado, no regulado produce desempleo e inequidad.
bravo.!!!!
11/20/2009 2:12:10 PM
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