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ANTIDEMOCRACIA
1285467Carlos Guevara MannEn octubre de 2008, la Universidad del Norte (Barranquilla, Colombia) me invitó a disertar, en su Cátedra de las Américas, sobre la reelección presidencial inmediata. Me presenté allá con entusiasmo, mas no sin cierta aprehensión.
Usted se habrá percatado –apreciado lector– de que tengo el peor concepto sobre la reelección presidencial consecutiva en los sistemas presidencialistas latinoamericanos. Juzgo que sus perjuicios superan, con creces, sus supuestos beneficios.
Pero en Colombia, algunos sectores respaldan la reelección presidencial –consecutiva e indefinida– que parece ser el objetivo del presidente Uribe. Como no sabía cómo reaccionaría el público –nada me garantizaba que no me encontraría ante un auditorio repleto de uribistas furibundos– comencé por resumir, de la manera más objetiva y neutral posible, los alegatos a favor y en contra de la reelección.
Quienes la apoyan aducen que la reelección permite a la ciudadanía elegir con mayor libertad al jefe del Ejecutivo. Al someter al presidente–candidato a una elección, también se le permite a la ciudadanía responsabilizarlo directamente por su desempeño, lo cual (supuestamente) obra en favor de la rendición horizontal de cuentas.
Además –señalan algunos autores– la reelección presidencial inmediata fortalece el papel del presidente como líder de su partido o coalición. Según este argumento, un presidente que no puede reelegirse pierde autoridad en el período electoral, cuando la atención y el interés se enfocan sobre los candidatos a sucederlo.
En contra se arguye que la reelección expone al sistema político al abuso de poder para la prolongación en el mando.
Refuerza, además, la tendencia hacia el liderazgo personalista y hegemónico inherente en el presidencialismo, como atinadamente lo señala el analista Daniel Zovatto.
La reelección también contraría aquella concepción original de la democracia, basada en el ejercicio rotativo de los cargos públicos: todos los ciudadanos tienen (tenemos) igual derecho y deber de aportar al cuidado de la cosa pública en el desempeño de funciones oficiales, y la calidad de la administración pública aumenta cuando se permite la más amplia participación en el ejercicio de los cargos del Estado.
Son tan negativos estos efectos que no me explico cómo alguien que posea formación democrática puede estar de acuerdo con la reelección presidencial inmediata. La permanencia prolongada en el poder propicia la corrupción, sobre todo en nuestra América, donde no hay controles políticos ni judiciales efectivos y donde las facultades de gobierno están fuertemente concentradas en el órgano Ejecutivo.
Si esta teoría, cuyos esbozos originales fueron hechos en la antigüedad grecorromana, no es suficientemente convincente, hay abundante evidencia empírica para dar sustancia a estos señalamientos.
Muy a pesar de estas observaciones, en años recientes América Latina se ha visto invadida por una ola reeleccionista. Una firme tradición constitucional, contraria a la reelección, fue cediendo a las incursiones personalistas de dirigentes políticos que ambicionaban su propia perpetuación en el poder más que el afianzamiento de la democracia y la promoción del bien común (sus deberes fundamentales).
Estos y otros aspectos de la política comparada latinoamericana son tema de conversación en tercer Congreso Internacional de Estudios Electorales, en Salamanca (España), donde me encuentro actualmente para –entre otros propósitos– presentar un trabajo sobre el rendimiento electoral de los partidos políticos panameños entre 1994 y 2009.
En Panamá, Pérez Balladares quiso reelegirse en 1998 y, con el objeto de asegurar su deseo, puso al servicio de esa causa tan noble toda la maquinaria del Estado y toda la jauría del PRD. Afortunadamente, la ciudadanía derrotó su propuesta, de manera arrasadora.
Hace pocos días, Balbina Herrera acusó a Martín Torrijos de no haberla apoyado porque aspiraba a su propia reelección (la de Torrijos) (La Prensa, 19 de octubre). Parece que, como papá Omar, Martín ambicionaba perpetuarse en el poder.
Por eso fueron de lo más llamativas las declaraciones del reciclado secretario del PRD, Mitchell Doens, quien adujo que el presidente Martinelli tiene planes de cambiar la Constitución a fin de presentarse a la reelección.
En las últimas cuatro décadas, ha sido en el PRD donde han radicado los ánimos de aferrarse al poder a través de los golpes de Estado y las reelecciones.
Además, el presidente Martinelli y sus colaboradores deben saber que a la ciudadanía le resulta repulsiva la reelección presidencial inmediata, porque es consciente de que contiene un enorme potencial para menoscabar el sistema democrático y aumentar la corrupción.
Después de que esto quedara demostrado con la aparatosa derrota del oficialismo en el referéndum de 1998, sería muy poco sensato promover una reforma constitucional para instaurar la reelección consecutiva de los presidentes panameños.
• El ejercicio del poder: Johnny Sáurez Sandi
• Las relaciones públicas del Estado: Barbara de De León
• La ola reeleccionista: Carlos Guevara Mann
• Entre semáforos y calles congestionadas: Carla Tovar Palomo
• Inmigración ilegal o esclavitud moderna: Arturo Rebollón Hernández
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Por otro lado no es lo mismo reelegir a un gobierno que funcione que a un presidente, Ejemplo basico Chile, desde que Pinochet salio la izquierda a gobernado, pero ni uno solo de sus presidentes se a reelegido. En cambio para la izquierda caribeña y la derecha cafetera, ese parece ser el unico camino
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Cualquier indicio que al nuestro actual presidente le gusta la idea de re-elección imediata del mandatario no es especulación.
Por otro lado vale la pena decir, que los gobernantes algargan su poder atravez de los magistrados y demas funcionarios que ellos nombran que no se cambian por cambio de administraciones.<scrip
10/28/2009 9:26:51 AM
Sí el PRD tendría que explicar por qué apoyó la iniciativa del Toro en el 98 y ahora se opondría a una virtual reelección presidencial de Martinelli, quien, si tuviese esa intención, sería consecuente con lo que predicó en el 98, cuando el hermanito menor del PRD -CD- (palabras del hoy presidente), apoyó abiertamente la reelección inmediata.