
Opinión |
|
CRÍTICAS
1280787Betty Brannan JaénWASHINGTON, D.C. –El miércoles pasado, el embajador de Jamaica ante la Organización de Estados Americanos (OEA) cometió el error de referirse a Omar Torrijos como el “presidente” de Panamá que firmó los tratados canaleros con Estados Unidos. En esta ocasión, el embajador jamaicano había pedido la palabra después de una presentación sobre la ampliación canalera por el administrador del Canal, Alberto Alemán, pero he notado que esto de pensar que Omar Torrijos fue “presidente” de Panamá –no el dictador– es un error frecuente entre extranjeros.
Por ello, mi primera crítica de Jimmy Carter es que deliberadamente escogió legitimar a Omar Torrijos. Carter pudo haber adoptado públicamente la posición de que el pueblo panameño tenía un reclamo justo pero que él, precisamente por su devoción a los derechos humanos, no negociaría con un representante ilegítimo y abusador de ese pueblo. Si Carter hubiera hecho eso, habríamos visto de una vez por todas si Omar Torrijos amaba a su país más que al poder.
Pero, como sabemos, Carter prefirió proteger al dictador. En 2007 entrevisté a Carter y tuvimos el siguiente intercambio:
BBJ: ¿Se consideró, durante su gobierno, que se le debía exigir a Torrijos que saliera del poder antes de firmar el tratado en vez de después?
JC: No. Jamás se consideró eso, hasta donde sé.
BBJ: ¿No le preocupaba eso, como cosa de derechos humanos? Es que las dictaduras dependen de reprimir al pueblo.
JC: Creo que jamás hubo pruebas, o siquiera acusación, de que él engañó o intentó abusar de su propio pueblo. Nunca escuché algo así.
Después de los tratados, como sabemos, Torrijos (por exigencia de Washington) permitió el retorno de los exiliados, hizo un show de “regresar a los cuarteles”, y programó elecciones para 1984. Cuando llegaron esas elecciones, había un dictador nuevo y el pueblo panameño estaba ansioso de ponerle fin a la dictadura. Creo que no hay un solo panameño –salvo el propio Nicky Barletta– que hoy día disputa que hubo fraude en 1984. Sin embargo, el Centro Carter –que supuestamente se especializa en observación de elecciones– se hizo cómplice del fraude al poner a Barletta en un “Consejo de Jefes de Estado Libremente Elegidos”. Carter jamás ha denunciado el fraude de 1984.
Cinco años después, en 1989, la gente de Carter afirmó de antemano que Noriega había prometido elecciones limpias pero Carter terminó denunciando el fraude. Si es cierto que Carter admitió la realidad de los hechos, también es cierto que la desfachatez de Noriega no le dejó otra salida.
Guillermo Sánchez Borbón observó, hace ya muchos años, que el problema de Carter es “taxonómico”, porque “confunde a los gorilas con los humanos”. Esto estuvo en evidencia en 1994, cuando Washington envió a Carter a Haití a buscarle fin a la crisis en ese país, presidido por un militar sangriento llamado Raúl Cedras. La solución de Carter fue enviarnos a Cedras a Panamá e invitarlo a enseñar clases de catequismo en su iglesia en Atlanta. Es que a Carter le gusta “acurrucarse con dictadores”, comentó la revista Time, y el mundo entero se burló de él.
Sin embargo, Carter ganó el Premio Nobel de Paz en 2002. Después de mi columna del domingo pasado, varios lectores me pidieron explicar mis críticas de Carter y también mi hipótesis secreta de porque le han dado prematuramente un Nobel a Barack Obama. Por ello he expuesto aquí, una vez más, mi posición sobre Carter, aunque callaré un poquito más la hipótesis sobre Obama; aclararé, no obstante, que no tiene absolutamente nada que ver con que Obama sea negro (como algunos lectores erróneamente supusieron).
Muchos lectores también me señalaron ácidamente que me equivoqué al escribir el domingo pasado del Nobel como cosa de “los suecos” cuando el Instituto Nobel está radicado en Noruega; estos lectores tienen toda la razón y pido disculpas por el error. Fue un cruce de cables inexcusable.
• Vacunación como inversión social: Xavier Sáez–Llorens
• Cambios urbanísticos en Curundú: Carlos Jayes B.
• De Carter a Obama: Betty Brannan Jaén
• Balance positivo de gobierno: Sebastián Vásquez Bonilla
• La otra izquierda: Pacífico Chung
Ediciones anteriores |
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá.
10/18/2009 3:44:39 PM
10/18/2009 1:50:57 PM
10/18/2009 1:42:19 PM
10/18/2009 1:39:55 PM
10/18/2009 1:00:26 PM
10/18/2009 12:52:16 PM
Tiene razon, Torrijos no tenia titulo de presidente de Panama. Pero en la constitucion del 72 se dio (no lo niego) poderes que lo convirtieron en jefe defacto del gobierno.
10/18/2009 12:38:46 PM
10/18/2009 12:33:35 PM
10/18/2009 12:17:56 PM
10/18/2009 11:53:13 AM