Opinión

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PLANIFICACIÓN URBANA

Se llevaron el mar…

Daniel R Pichel
dpichel@cardiologos.com

Hace un par de años, desde el balcón de mi casa se veía el mar. Si bien no era como en Copacabana, era un detalle simpático poder asomarse al balcón y ver en el horizonte la bahía de Panamá. Desgraciadamente, por codicia, falta de planificación urbana y “decisiones ministeriales” lo único que puedo ver ahora es una colección de moles de concreto multicolores.

En Panamá a quienes defienden el medio ambiente se les considera “estorbos al desarrollo”, mientras que se dan permisos a diestro y siniestro para llenar áreas residenciales de adefesios de concreto y vidrio que tienen, como único objetivo, sacar más dinero en menos metros. Me gustaría saber qué harán ahora que la CSJ declaró ilegal la medida que permitió construir edificios de más de 15 pisos en San Francisco. El gran problema es que las consecuencias de semejante decisión son muy difíciles de corregir una vez los proyectos han sido ocupados. Si se quieren evitar estos abusos, es imprescindible buscar soluciones ejemplares para que, en el futuro, los dueños de estos proyectos piensen mejor antes de modificar una norma para su beneficio. Se me ocurre que a las empresas que desarrollaron proyectos “ilegales” se les obligue a reducir el número de pisos “en exceso” en otros proyectos que estén desarrollando, así, 20 pisos más en San Francisco, significarían 20 pisos menos en Costa del Este. Además, tendrían que devolver el dinero a quienes hayan comprado los pisos. A los corredores de bienes raíces que hayan vendido propiedades ilegales deberían ponerles multas acordes al valor de la propiedad que vendieron. Esto, obligaría a todos los actores del “sector de los bienes raíces”, a tener cuidado de qué hacen y qué venden.

Aclaro… antes que algún leguleyo salga a patalear por el párrafo anterior, estoy consciente que estas cosas no se podrán implementar basado en quien sabe cuántos artículos de quien sabe cuántas leyes creadas para proteger a quien sabe cuántos sinvergüenzas. Pero, mientras no se tomen medidas drásticas, seguirán destruyendo la ciudad.

Nuestro país tiene que hacer algo para solucionar sus problemas urbanos, respetando la naturaleza. Esta semana, estuve en una “consulta popular” sobre un proyecto que busca remozar la Vía Argentina. Fue una presentación bien preparada y muy profesional donde nos expusieron problemas y potenciales soluciones. En primera instancia, parece bueno (aunque me hubiera gustado escuchar más detalles sobre cómo resolver los problemas de alcantarillado y acueducto). Ahora, siendo Panamá un país tan surrealista, las suspicacias son inevitables. No me convenció la “razón” de hacer ese pedacito de proyecto (que sería el inicio de un plan maestro de modificación vial y de infraestructura), porque “se cuentan con fondos del Prodec” que, en resumen, hay que gastárselos… Se pretenden adoquinar las aceras y parte de las isletas centrales (las que hoy se usan de estacionamiento para bares y restaurantes). En ese espacio, se podrían instalar quioscos (para venta de periódicos, etc.) negociando algunos centímetros cuadrados que hoy representan una “pérdida de recursos” para el corregimiento. Espero no pretendan que esas nuevas “instalaciones comerciales” requieran permisos aprobados por nuestro representante de corregimiento (por quien, de paso, voté el 3 de mayo). Habrá que estar pendientes en qué queda todo esto… no vaya a ser que una propuesta que en principio parece sonar bien termine siendo una fuente de negociados.

Lo otro, es que los panameños tenemos una obsesión con los puestos ambulantes. Me comentaron (yo no lo he visto) que en la cinta costera ya proliferan ventas de artesanías, frituras, refrescos, raspaos y carne en palito… Solo falta una sucursal del Pub Herrerano y que permitan poner publicidad. Si fuera ese el caso, imagínense lo que será ese lugar para las próximas elecciones con fotografías de cuanto desconocido pretenda llegar a un cargo de elección para que también les toque “su pedazo de pastel”… En fin, ¡un desastre! ...


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