Opinión |
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ESCÁNDALO
1244123Carlos Guevara MannEn el año 2002, la presidenta Mireya Moscoso nombró una comisión anticorrupción, integrada por José Javier Rivera, de la Cámara de Comercio; Héctor Montemayor, rector de la Universidad Tecnológica; la abogada Aura Emérita Guerra de Villalaz, ex magistrada de la Corte Suprema de Justicia; el abogado Tomás Herrera Díaz; y el Dr. Carlos Iván Zúñiga, jurista y dirigente civilista de gran prestigio. La comisión presentó un informe radiográfico de la corrupción en Panamá, que ha quedado como testimonio de lo que se debió aclarar y lo que no se ha investigado sobre el tema.
Ojalá que ahora que se “analiza” la reapertura del caso “Cemis” (La Prensa, 31 de julio) también se “analice” la apertura de todos los casos comprendidos en el informe de la Comisión Anticorrupción. Al respecto podría actuar la Asamblea Nacional, al menos con el nombramiento de una comisión esclarecedora de la participación de ese órgano del Estado en los truculentos acontecimientos de principios de 2002. Sería muy acertado, sobre todo ahora que el nuevo presidente de la cámara ha comenzado a dar sustancia a la aspiración ciudadana de sanear ese órgano del Estado.
Sobre todo, ojalá bajo el gobierno del cambio se corrijan las prácticas corruptas señaladas en dicho informe y se supere la cultura del saqueo y del botín que tanto daño le causa al país. No hacerlo y seguir incurriendo en las picardías que hasta la fecha han caracterizado a la política panameña alimentaría aún más la frustración popular, con consecuencias impredecibles para la estabilidad política del país. Pienso que de eso son conscientes quienes asumieron el poder el 1 de julio.
Sería muy frustrante que, después de tanta alharaca, el Cemis pasara a la historia como otros notorios atracos a la cosa pública, nunca esclarecidos, tales como los del Programa Colectivo de Viviendas de la Caja de Seguro Social, COFINA, TRANSIT y Van Dam o negociados repulsivos como el de las ventas ilegales de visas a ciudadanos cubanos, chinos y de otras nacionalidades, fuente —todos ellos— de opulentas fortunas que son un insulto al esfuerzo y el trabajo duro de cientos de miles de panameños que votaron por un cambio.Si la investigación se lleva a cabo con propiedad, con el ánimo de revertir un mal hecho a la sociedad y con el propósito de instituir un ejemplar “desincentivo” a la corrupción, quienes vayan a conducir las pesquisas deberían considerar varios ángulos del susodicho acontecimiento. Por ejemplo, habría que ver si el diputado Carlos Afú y el ex legislador Manuel de La Hoz ratifican sus denuncias.
Sería necesario determinar si un ex presidente de la República y una ex candidata a un alto puesto de elección popular hicieron depósitos de consideración en el Banco Nacional, o si cambiaron cheques por gruesas sumas en la ventanilla de dicha institución del Estado. También sería preciso establecer si hubo algún tipo de mutilación, alteración o desaparición de pruebas.
Sería oportuno exigirles a los supuestos sobornadores que muestren los talonarios de los cheques que giraron a finales de 2001 y principios de 2002, y que los bancos girados entreguen los facsímiles de esos mismos cheques. Habría que preguntarles a los presuntos coimeros si recuperaron las coimas supuestamente entregadas una vez se hizo público este escandaloso asunto. Si se comprobase la veracidad de lo expuesto en unas grabaciones suministradas por un ex mandatario metido a espía, las cosas pudiesen ponérsele color de hormiga a otro ex presidente. En un estado de derecho debidamente constituido, le tocaría al sujeto de marras vestirse con el uniforme de su tío Tony y alojarse en El Renacer, acompañado “de corazón” por una nueva estudiante de periodismo, la ahora inocente colegiala que hace unos meses, cual tigra hircana, se aferraba al poder (y sus ventajas) con mitológica fiereza.Nuestros vecinos ticos, de quienes tenemos mucho que aprender, han procesado por irregularidades a tres ex presidentes de la República.
En Panamá, sin embargo, es más probable que el mentado ex mandatario, antes de quedar enchironado, se mande a cambiar, con su enorme fortuna, a la tierra de sus compinches dominicanos. Allá se dedicaría a merenguear hasta que el olvido haga sus efectos en la opinión pública de su país natal.
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