Opinión |
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PATRIMONIO HISTÓRICO
Traducido del francés a nuestra lengua, fait accompli significa hecho cumplido. Este extranjerismo, usado con frecuencia (suena bonito), se aplica a “algo irreversible o ejecutado sin haber pasado por los procedimientos estándares”. Diciéndolo muy a lo panameño, es hacer las cosas “de Fidanque a Toledano”, útil y criollo eufemismo. Los fait accompli no escasean en Panamá. Si desea destruir edificaciones de valor histórico para construir modernos edificios, hágalo; para apropiarse indebidamente de terrenos, levante cercas; para hacer potreros en las selvas, pase las motosierras y los tractores; si tiene una concesión para rellenar media hectárea de fondo de mar, rellene cinco. Le aseguro que le irá bien porque en este país el fait accompli resulta un éxito, “clavo pasado”.
Es el caso del edificio Plaza Independencia, escándalo mayúsculo que pasa de la administración anterior a la actual. El ingeniero municipal anterior, ángel protector de los depredadores de la ciudad, no notaba las discrepancias entre los planos y las construcciones en proceso. El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) pidió, sin éxito, a Obras y Construcciones del Municipio, parar la obra por violaciones notorias. El nuevo director de Patrimonio Histórico quedó “pintado en la pared” al tratar de detener este “historicidio” arquitectónico con la colaboración de la corregidora del área, a quien una “llamada de sus superiores” dejó más quieta que una momia. Si hoy, un funcionario con los pantalones bien puestos dijera “hasta aquí”, ya el histórico inmueble es irrecuperable. Y el empresario, feliz con su fait accompli, habrá construido como le vino en gana en área declarada Conjunto Monumental Histórico de Panamá, inscrito como Patrimonio Mundial.
¿Recuerdan el caso del proyecto turístico de Charro Espino, tío del ex presidente Torrijos que, a la brava, arrasó con valiosos manglares en Punta Chame? ¿El de Desarrollo Turístico San Carlos (presidida por el ex ministro Gabriel Diez), que quedó a salvo, sin sanción, días antes del cambio de gobierno? ¿El del globo deterreno (6 mil metros cuadrados, 15 millones de dólares) que aunque figura como parque vecinal en mapa oficial fue amurallado dentro del residencial Pacific Point? Son apenas algunos, entre muchos, de los casos en los que hubo alharaca inicial; mucho ruido y pocas nueces.
El más “gordo”, es el del consentido del gobierno de la ex presidenta Moscoso, Jean Figali, desafiante empresario que lleva años haciéndole muecas a la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), y a quien se le pusiera por delante; rellenó fondo de mar en la calzada de Amador hasta donde le convino, y con mil argucias legales rellenaba, y no pagaba. Además de no hacer realidad lo que pomposamente ha anunciado por años (boulevard internacional de la moda, una skyscrascraper city, helipuerto, torre con bar giratorio, business center, parque temático: La fiebre de oro de California, y más… todo anunciado en internet) empezó a usar las concesiones para negocios ajenos.
Además de la osadía de demandar a la ARI por 260 millones de dólares, y hasta el cuello en compromisos impagados, ahora que el presidente Martinelli le cerró el paso, pretendía salir del apuro con un mísero abono de 250 mil dólares. A Figali le ha salido a precio de naranja en temporada el arreglo que le ofrece el Gobierno: abono de 500 mil dólares, y el resto en cómodos pagos. ¿También le facilitarán quedarse con lo que rellenó de más? Y si lo pierde, ¿pagará de su bolsillo lo que cuesta eliminarlo?
El presidente Martinelli dijo: “Vamos a aplicarle la mano dura, se acabó la época del relajo de que la gente compraba a funcionarios, vamos a tener un presidente que va a estar vigilante”. Que empiece por las generosas concesiones y venta de tierras a precio de baratillo en áreas de gran valor (Avenida Balboa, Amador). Si el Presidente cumple su promesa de acabar con las componendas entre empresarios y funcionarios corruptos, será novedad en este país en el que los fait accompli quedan impunes. No será suficiente que le caiga la teja a los peces pequeños y medianos porque, proporciones guardadas, es el tejado entero, no la teja, el que debería caerle encima los peces gordos. Porque “la ley es buena, cuando es pareja”.
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