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IDEAS ETERNAS.

Un lector de verdad

El periodista y escritor chiricano Juan B. Gómez ha recolectado sus mejores lecturas en su obra 'Compendio de sabiduría y buen humor'.

Cortesía/Olmedo Miró Rodríguez1226981

 

DANIEL DOMÍNGUEZ Z.
ddomingu@prensa.com

Una mañana de octubre de 2007, Juan B. Gómez se preguntó qué pasará con los más de mil libros que tiene en su biblioteca y los secretos que cada uno guarda celoso en su interior.

Fue, entonces, cuando se puso en la tarea de seleccionar lo mejor de sus lecturas y reunirlas en Compendio de sabiduría y buen humor, que presentará el 12 de julio, a las 2:00 p.m., en el Hotel Fundadores, en la comunidad de Boquete (Chiriquí).

Es que ve con cariño a sus libros y se pregunta por su devenir: ¿qué les pasará mañana?, ¿quién los cuidará?, ¿cómo hacer para que les sirvan a otros como le han beneficiado a él?

Un libro como Compendio de sabiduría y buen humor colabora a la preservación de la memoria colectiva. Está compuesto por el ideario de poetas, novelistas y científicos de renombre; sin embargo, también cuenta los andares de personas que no aparecen en los libros de historia, pero que contribuyen al avance de la humanidad desde sus modestas conquistas cotidianas.

“Yo sentía que por algo leía yo. El subconsciente me pedía que fuera recogiendo material para algún día producir una obra como esta”, indica el que nació el 21 de agosto de 1931 en David y que comenzó en el periodismo en noviembre de 1970.

Es que tiene la afición por la lectura desde que era un niño. “Es una pasión muy fuerte. No me canso de leer, pero en mi infancia no tuve una lectura ordenada ni académica, pues era como decía Cervantes: ‘leía hasta los papeles sucios”.

Recolectar las citas para el Compendio de sabiduría y buen humor le tomó más de medio año. Una acción marcada por la disciplina y la constancia. “Todos los días recogía lo que podía integrar. He visto cuatro veces más material de lo que aparece en este libro”, indica quien ejerce la diplomacia en Argentina, España, Suiza y Brasil.

Si se hubiera puesto a recolectar todas las lecturas que le gustaron, “habría sido cuestión de varios volúmenes. Hubo muchos autores que dejé por fuera, no por ser admirables, es que no podía incluirlos a todos”.

El paso inicial fue hacer un índice, que le permite enfocar lo que pensaron las mentes más brillantes sobre Dios, el universo, las religiones, el hombre y la mujer, el amor y la muerte.

Después de ejercer como enciclopedista moderno y de darse una vuelta por la vorágine del pensamiento humano, redescubre que el hombre ha cambiado poco.

“El mundo material puede cambiar de una manera impresionante. Tú llegas a una ciudad como David y hace 50 años era totalmente distinta a lo que es hoy. El hombre no es así, él siempre tendrá enormes sombras. Yo no soy optimista ni ingenuo en creer que la humanidad, como un todo, se va a orientar hacia el bien. Eso no lo conseguirá ningún pueblo nunca”, comenta quien tiene desde 1978 un programa de noticias en Radio Chiriquí.

Piensa que la situación de nuestra especie marchará así, a la deriva, mientras exista el hombre y sus muchas mezquindades. “Tú nunca lograrás una homogeneidad, pese a que se han escrito obras nobles”.

LOS ADMIRABLES

Aunque guarda relación con los libros desde pequeño, recuerda con mucho afecto las obras que llegan a sus manos en su mocedad.

A los 19 años comienza a degustar las obras maestras firmadas por Friedrich Nietzsche, Arthur Schopenhauer, Miguel de Unamuno y José María Vargas Vila. “La adolescencia es la mejor para leer a estos caballeros”.

En aquel entonces fue cuando adquirió por primera vez una obra con sus propios fondos: La vida de Víctor Hugo, una biografía sobre el novelista francés a cargo de Matthew Josephson y que compra a dos dólares en una librería en David. Todavía la conserva como uno de sus tesoros más preciados.

Otro título que influye en el joven Juan B. Gómez es uno sobre Galileo Galilei, ese científico a quien casi le cuesta el pellejo declarar que la Tierra no era el centro del universo, contraviniendo la postura religiosa de la época. “Era un libro de forro negro, de 500 páginas, que después se lo regalé a la Biblioteca Pública de David, pero no sé si todavía lo tendrán”.

Sí, como debe ser, a Gómez le gusta regalar libros. A la Biblioteca Pública de David le ha obsequiado a lo largo de los años más de mil libros y al semanario educativo Culturama otros 500. “La lectura no va en decadencia en Panamá, pero cada vez menos gente regala libros a sus amistades”.

Le preocupa que, aunque pueden aparecer novedades literarias en cantidades considerables, sí nota que no hay reedición de libros que considera importantes.

“¿Dónde consigues las obras completas de Anatole France o de Fiodor Dostoievski? Yo no veo en ninguna biblioteca las obras de Balzac”, dice quien admira las creaciones de panameños como Ricardo Miró, Guillermo Andreve y Octavio Méndez Pereira.

Como es de rigor, tiene su libro preferido, un texto que ha releído en más de una ocasión: Papá Goriot, de Balzac, por “aquellos consejos que le daba Vautrin a Rastignac. Ambos vivían en una humilde pensión de París. Ninguno de los dos era rico ni tenía poder alguno, pero luego fueron personajes influyentes, sobre todo Rastignac en las finanzas”.

Claro que ha conocido decepciones mayúsculas con libros que sus amigos encumbran y, cuando los aborda, no le impactan lo suficiente.

Por ejemplo, Las confesiones, de San Agustín, y Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais. “Nunca les encontré la gracia. Yo no termino un libro que no logra que le ponga toda mi atención. Tengo un montón de libros a medio leer. Cuando uno me gusta no me puedo dormir sin acabarlo; cuando no me gusta, me duermo de lo más fácil”.

LOS MANDATARIOS

Le duele admitir que los gobernantes panameños de las últimas cuatro décadas no sean personas que se distingan por ser cultas. “Tú le preguntas a cualquier presidente o a sus ministros si ellos leen y no saben qué responder. Es una cosa terrible. Eso demuestra por qué a la cultura la tienen como cosa de poca monta en estos gobiernos, porque los mandatarios no son lectores de obras serias, ignoran lo que el mundo de la literatura y la filosofía nos ofrece. Casi me atrevo a decir que todos son unos ignorantes”.

En poco más de 100 años, de acuerdo a su parecer, hay contadas muestras de presidentes con una vasta y recia cultura.

Si se le pide navegar por esos mares, solo puede citar a Belisario Porras, Ricardo J. Alfaro, Harmodio Arias y a Ernesto De La Guardia.

Si debe escoger a solo uno de estos cuatro titanes, Juan B. Gómez se queda con Alfaro, porque “es el intelectual más grande que ha llegado a la presidencia. Es un hombre de grandes dimensiones y está bastante olvidado”.

Lamenta que los habitantes del Palacio de las Garzas sean un reflejo del pueblo. “Nuestra sociedad, salvo excepciones, es una masa ignorante que le ha dado plenos poderes a la cuestión dineraria”.

A la gente le interesa el triunfo fácil y el vil metal. “Hallan que si no hay dinero de por medio, no han triunfado. Convertir al dinero en un dios es propio de personas de poca altura. Mira lo que pasa en este país con la política, nadie sin dinero puede aspirar a la Presidencia. Pasará mucho tiempo para que dejemos de ser en Panamá una oligarquía”.



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