Opinión |
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LUCHAS INTERNAS
La reunión del directorio el 28 de junio, además de pan y circo, se convirtió en una puñalada traicionera a los delegados del congreso de nuestro partido, donde la muerte de Sansón y todos los Filisteos hizo resquebrajar las columnas de la unidad de nuestra organización.
Los delegados del congreso fueron electos democráticamente hasta el año 2013, en una lucha desigual contra los candidatos del gobierno que gozaron del poder, de bolsas de comida, Parvis y donaciones. Al final, los líderes naturales sin recursos vencieron en forma mayoritaria presentándose ante un congreso enriquecido por estos nuevos delegados.
Los delegados del congreso de nuestro partido no tienen en absoluto la culpa de la derrota y de la conducción antidemocrática que nos ha dividido. Al contrario, los delegados son las víctimas de esta derrota programada que nos ha llevado forzosamente a la oposición.
Los culpables de la derrota aplastante del 3 de mayo pasado, son los miembros del CEN y del gobierno que nos dividieron, desmovilizaron, descapitalizaron la campaña y desarticularizaron a los miembros del Partido Revolucionario Democrático (PRD) en el gobierno, los cuales debieron volcarse a favor de la propuesta electoral.
Los líderes del PRD logramos que el CEN, bajo la presión de las bases de nuestra organización y después de amenazar con que se quedarían hasta 2013, el pasado domingo aceptaran separarse del cargo en el primer trimestre de 2010.
Es una victoria nuestra, una derrota y renuncia honorable de ellos, pero deja un mal sabor al matar de un solo plumazo a los delegados quienes fueron electos hasta el año 2013.
Nuestra propuesta fue que renunciaran por honor después de habernos llevado a esta debacle electoral y división de los liderazgos naturales, que en los últimos 10 años se mueven democráticamente en nuestro partido.
Las resoluciones cantinflescas que llaman a un congreso en octubre para adecuar los estatutos (que no son el problema de la tragedia) y el sorpresivo llamado a otro congreso en el primer trimestre de 2010 para renovar todo, en vez de sanar las heridas para avanzar las abren, profundizando nuestras diferencias y castigando a los delegados de nuestro congreso, que no son culpables de los errores que nos llevaron a tan aplastante derrota.
La historia de nuestro partido nos enseña que cuando el CEN presidido por Rómulo Escobar Bethancourt (q.e.p.d.) y Carlos Ozores, al igual que el de Carlos Duque y Darisnel Espino presionados por las bases los obligó a renunciar, esas vacantes fueron llenadas de inmediato para rescatar el partido del abismo de esas dos grandes crisis.
No deben dividir y desangrar a nuestro partido más, y permítanos rescatar por la vía de la decencia y la democracia, al PRD que levantamos de las cenizas después de la invasión norteamericana que intentó destruir nuestra organización.
Aferrarse al poder en forma enfermiza en nada contribuye al fortalecimiento de la democracia interna y de la vida en unidad que debe prevalecer en estos momentos.