Con la asunción de Ricardo Martinelli, Panamá celebra hoy el inicio de la quinta administración elegida por el voto fielmente escrutado. Que Panamá haya logrado encauzar su vida pública por los senderos de la democracia, dejando atrás la tenebrosa dictadura y el militarismo, es causa suficiente de regocijo. El nuevo gobernante llega a palacio despertando expectativas enormes, luego del mandato electoral de mayo.
Y si bien es cierto que muchas de las promesas que se hicieron en campaña no pasarán del papel, el país demanda del nuevo gobierno el enfoque necesario para atacar lo medular, como son la transformación de la educación oficial, el transporte público, la atención médica y la seguridad. Sobre todo, señor Presidente, los panameños le dimos crédito a su promesa de integridad, y la batalla frontal que dijo librará contra la corrupción que nos desangra, y es esa la piedra angular de su mandato, que no puede esperar, olvidar ni traicionar.