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Los celulares han pasado de ser una necesidad a un símbolo de status dentro de la sociedad.
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| consumismo. Tener más de un celular es algo común en estos días. LA PRENSA/Archivoo1225824 |
El incremento que se ha visto en Panamá en los últimos 10 años en la adquisición de líneas para teléfonos celulares puede ser catalogado como “fenómeno de consumismo”.
Así lo demuestran datos de la Autoridad Nacional de Servicios Públicos (Asep). En 1998, el total de abonados de teléfonos móviles celulares era de 86 mil 389 líneas, lo cual se fue incrementando hasta que llegó a 3 millones 804 mil 731 líneas en 2008.
Según el último censo hecho en 2000, Panamá contaba con una población de 2 millones 839 mil 177 habitantes, lo que sugiere que algunas personas cuentan con más de una línea de celular.
Karina Paredes, por ejemplo, tiene dos celulares de dos compañías diferentes, pero asegura que lo de ella no es capricho. “Yo tenía mi celular, pero la empresa para la que trabajo decidió darnos un Blackberry por aquello de la comunicación interna y además para contar con tarifas corporativas para las llamadas de trabajo. Y mi antiguo número no lo pierdo porque lo uso como referencia para mis contactos”.
El caso de Paredes sucede en varias empresas, pero, ¿qué hay de aquellos que tienen su celular, pero compran un segundo equipo por el impulso de tener el último modelo que ofrece el mercado de telecomunicaciones?
Según el sociólogo Bolívar Franco, la tecnología, poco a poco, se ha adentrado en nuestras vidas para quedarse, sobre todo en casos como los celulares y la internet, de los cuales dependemos como comunidad global que somos, pero asegura que el mercado más vulnerable actualmente es el joven.
“A los jóvenes les llama más la atención porque es una manera de divertirse. Hay fotos, chat, y hasta películas, lo que los hace sumamente llamativo”, cita.
Pero cuando de adultos se trata no es muy distinto. Mientras más funciones tenga un celular más vendido será. La demanda se basa en los valores agregados de cada equipo, sin embargo, hay una gran cantidad de consumidores que lo adquiere simplemente por estar a la moda.
Yakarta Ríos, presidenta de la Organización Consumo Ético, asegura que las personas adquieren celulares no por sus funciones o por cuánto les faciliten la vida, sino como símbolo de estatus. “Se están perdiendo las prioridades dentro de la familia; a los niños no se les inculcan los valores reales de las cosas y aquellas cosas que son una necesidad”.
Pero además de un desenfoque en los valores éticos y morales, el peligro puede ser incluso físico, ya que las ondas que emiten los celulares son nocivas para la salud, sobre todo para los niños, comenta Ríos. Además, estos pueden ser fácilmente localizados por un adulto que les quiera hacer daño, solo obteniendo su número telefónico. También están expuestos a que le roben el equipo por ser más vulnerables.
Lo ideal es que las personas le den un justo uso a este medio de comunicación, que satisfaga sus necesidades, pero que no sea un objeto suntuoso.