Panorama |
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QUINTA DE CINCO ENTREGAS
San Francisco alberga áreas muy distintas: desde el antiguo barrio de pescadores de Boca La Caja hasta el exclusivo sector de rascacielos de Punta Pacífica.
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| ANTIGUO OFICIO. Boca La Caja todavía es tierra de pescadores. Los problemas por drogas son frecuentes. LA PRENSA/ David Mesa1224615 |
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ANA TERESA BENJAMÍN
abenjamin@prensa.com
Aunque Brígido Cedeño llegó mucho después de su fundación, todavía recuerda que Boca La Caja era, para los años 50, apenas un caserío de pescadores y terrenos para la agricultura.
“Esto era un herbazal. Allí donde está la (fábrica de aceites) Pabo, un señor tenía siembras de guandú”, cuenta.
Según los datos históricos, el corregimiento de San Francisco –al que pertenece Boca La Caja– nació cuando Belisario Porras proyectó la construcción del Hospital Santo Tomás.
Los terrenos en los que se había fijado Porras ya estaban habitados, y el Presidente decidió entonces mudar a sus pobladores a otro sitio, también cerca del mar. Ese lugar se llamaba Peña Prieta.
La historia oficial cuenta que Porras adquirió una finca de 12 hectáreas en Peña Prieta –lo que hoy es Boca La Caja y Coco del Mar–, y allí empezó San Francisco.
El nombre lo adquirió, según cuenta la leyenda, cuando unos pescadores encontraron, en una caleta, un santo de madera a quien identificaron como San Francisco.
Hoy viven en el corregimiento 35 mil 751 personas y es un área de la ciudad repleta de contrastes.
Problemas distintos
En la propia Boca La Caja y en San Sebastián, por ejemplo, cada vez son más frecuentes los líos por drogas. También hay allí más desempleo y pobreza.
“Ya nosotros tenemos miedo”, señala Cedeño.
En el nuevo parque construido en el barrio, la hierba comienza a tragarse los juegos. Susana Rodríguez, residente del lugar, cuenta que después de las 6:00 de la tarde es mejor no estar por allí, y que el sector de la cooperativas de pescadores está cada vez más peligroso.
En otras áreas como Altos del Golf, Punta Paitilla y Punta Pacífica ocurren con mucha frecuencia los hurtos de autos.
Carlos Pérez Herrera, representante del corregimiento, dice que aunque su jurisdicción es bastante tranquila, no por eso está exenta de problemas.
“Aquí nuestro principal problema es el desarrollo urbano desordenado”, recalca.
Todo empezó, explica, con la mudanza del aeropuerto Marcos A. Gelabert hacia el sector de Albrook.
“Con el aeropuerto no se podían construir edificios altos. Al irse, todo cambió”, detalla Pérez Herrera.
Aunque los cambios se están dando en todas partes, se sienten con más fuerza en Calle 50 y Coco del Mar.
La Parroquia de San Francisco de la Caleta, por ejemplo, ya no goza de ese silencio solemne que solía rodearla, porque muy cerca se levantan varios edificios que colman el ambiente de ruidos.
Pérez Herrera asegura que quienes más afectados se encuentran por este cambio son los viejos residentes, “que tienen 40 años de vivir aquí y que solo querían estar tranquilos en sus casas, cuidando a sus nietos”.
Más allá de los cambios de fachada del corregimiento y del ruido apabullante, el auge constructivo ha traído otros problemas.
La corregidora Yisel Espinoza dice que los procesos más comunes en su despacho son los lanzamientos y desalojos.
También se presentan muchas quejas por filtraciones de agua en edificios nuevos y apartamentos viejos de Carrasquilla, agrega la funcionaria.
Según los registros de la Zona de Policía Metropolitana, de enero a abril de 2009 han ocurrido 117 delitos en el corregimiento. La mayor parte (77) ha sido hurtos y robos (ver tabla).
Pese a esta aparente tranquilidad, el corregimiento ha sufrido de vez en cuando los golpes crudos de la violencia.
El 19 de mayo de 2002, por ejemplo, el país quedó pasmado al conocer de la muerte del padre Jorge Altafulla, asesinado por el antiguo seminarista Marcos Manjarrez.
El homicidio ocurrió en la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en Calle 50, en el centro mismo de San Francisco.
En el parque Omar, por su parte, los asaltos son frecuentes y también han ocurrido allí un par de asesinatos.
Pérez Herrera explica que hasta ahora se han colocado en todo el corregimiento 50 cámaras de videovigilancia, y que se planea instalar aún más para reforzar la seguridad.
Cedeño, en Boca La Caja, sigue reviviendo los inicios del barrio, preguntándose qué será de él en los próximos años.
“Mire cómo estamos. Allá, edificios; acá, también”, dice, señalando los rascacielos de Punta Pacífica que se levantan en uno y otro lado del viejo barrio de pescadores.
Es que San Francisco dejó de ser, hace rato, solo un herbazal.
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