Tal parece que a medida que se acerca la hora cero de la administración de Martín Torrijos, los ciudadanos tenemos que armarnos de estoicismo para poder enfrentar el sinnúmero de chanchullos y componendas que van destapándose a chorros. Negociados por debajo de la mesa, adornados en contratos públicos y adendas acomodaticias, siempre en beneficio de los intereses particulares que al final dejan réditos millonarios a los funcionarios vivarachos y, por supuesto, a los allegados al poder.
Ahora resulta que los corredores Norte y Sur sí fueron auditados, y los concesionarios saben exactamente el alcance de las infracciones cometidas, mientras que por años nos mantuvieron engañados con manifiesta complicidad del gobierno en un absoluto hermetismo. ¿Será que finalmente nos van a revelar cuánto es el monto de la recuperación de la inversión por esas megaobras que ya cumplieron una década? Un poco de transparencia le hubiese granjeado a Torrijos una salida más airosa, y no la triste recordación de un gobierno de más corrupción y más impunidad.