La alarmante cantidad de cierre de calles y protestas que hemos vivido en las últimas dos semanas por toda suerte de razones –desde las escuelas en mal estado hasta la falta de agua potable, el alza de las tarifas de los corredores, el alto costo de la vida y la invasión de tierras–, revela las graves carencias de los ciudadanos frente a una actitud de dejadez de nuestras autoridades, que parecen haber abandonado desde ya la administración estatal. Sus deberes están totalmente descuidados, afectando con ello la buena marcha de la cosa pública. Es frustrante salir cada día a enfrentar el caos cotidiano en que se han convertido estos dos meses de transición gubernamental, que no deberían ser excusa para la paralización de la función pública. Les recordamos a estos servidores públicos que su período termina el 30 de junio, y que con nuestros impuestos se les está pagando hasta el último centavo de salario por un trabajo que esperamos sea ejecutado.