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Los trabajadores británicos contratados pararon el viernes en todo el país al agravarse una disputa por el empleo de extranjeros en el sector energético.
Las tensiones estallaron después de que la empresa francesa Total, de petróleo y gas, despidió a más de 600 empleados contratados el jueves después de una huelga en su refinería petrolera Lindsey en el norte de Inglaterra. Los paros se extendieron a otras plantas como Drax, la mayor de la nación impulsada a carbón.
Bernard McAulay, un dirigente del sindicato UNITE, dijo a un piquete de huelguistas frente a la refinería Lindsey, a 265 kilómetros (165 millas) al norte de Londres, que aunque los trabajadores extranjeros tienen su lugar, “la primera prioridad debe ser mano de obra de la comunidad local”.
“Estas compañías tienen una responsabilidad social y económica con el pueblo de la comunidad”, dijo.
Según las reglas de la Unión Europea (UE), los trabajadores en el interior del bloque de 27 naciones tienen el mismo derecho a trabajar en Gran Bretaña que los ciudadanos británicos, al igual que éstos tienen el derecho a trabajar en otras naciones de la UE. Pero la cuestión se está tornando delicada a medida que se debilita la economía nacional.