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ARTE.
Antonio Imbert elabora 25 cuadros que serán regalados a los mandatarios extranjeros que estarán en la toma de posesión presidencial.
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| CELEBRACIÓN. En este 2009 cumple Antonio Imbert dos décadas en el oficio plástico. LA PRENSA/Eric Batista1219717 |
Hace un mes, al pintor panameño Antonio Imbert le propusieron pintar 25 cuadros de pequeño formato que serán obsequiados a los presidentes y demás personalidades del exterior que participarán de la toma de posesión del presidente Ricardo Martinelli.
“Me llamaron por teléfono del despacho de la primera dama entrante. Me sorprendieron con este honor. Me dijeron que después de una liberación me habían escogido para esto, ya que les había gustado mi concepto de pintura escultórica que había presentado en marzo pasado en el Museo Reina Torres de Araúz”, comenta.
Lo curioso es que Imbert casi no participa de esa colectiva porque tenía otros compromisos que le habían consumido mucho tiempo, pero al final mandó sus 10 piezas, porque “ya le había dado mi palabra a los organizadores de aquel evento”.
Las obras que se irán con las personalidades invitadas están a medio camino entre la pintura y la escultura. “Son piezas con cierto relieve. Algunas se cuelgan de la pared y otras se pueden poner de pie porque están hechas de tres y hasta cuatro partes”, explica este creador de 46 años, que en este 2009 cumple dos décadas dedicado a los colores.
Estos cuadros pertenecen a la serie “Materias Vivas”, un ejercicio que ha desarrollado desde 2006. Es una exploración sobre las pérdidas que cada quien ha sufrido en la vida. “En mi caso, hay hechos tremendos como la separación de mis padres o la muerte de mi abuelo”.
Piensa que esta propuesta también es un homenaje a sus raíces, específicamente a una bisabuela suya que pertenecía a la comunidad indígena ngäbe-buglé.
En este trabajo predominan diversas tonalidades de rojos, azules, naranjas y verdes. Algunos cuadros ofrecen formas sin ser estrictamente realistas, son algo cercano a un puntillismo abstracto.
Se trata de obras sobre madera, principalmente de cedro y caoba, “materiales que perduran en el tiempo”. Sus tamaños oscilan entre los 5 x 8 pulgadas y las 6 x 10 pulgadas. “Aunque en este caso no hay un tamaño estricto”.
Lamenta que en Panamá el arte “está tan comercializado; eres bueno si vendes, pero eso no es siempre una característica válida, sino Van Gogh dónde habría quedado. Hay un mercantilismo en el país y eso deja relegados a ciertos artistas que quieren hacer cosas diferentes, no les dan cabida porque su obra es fuerte o novedosa y le ponen peros. El asunto es tratar de buscar un lenguaje propio”.
Aunque Antonio Imbert no quiso especificar cuánto cobró por sus 25 pinturas, sí confirmó que recibirá un pago. “No podemos regalar nuestro trabajo, nosotros vivimos de esto”.