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EL MILITAR NARRÓ SU vivencia DENTRO DE LAS FUERZAS DE DEFENSA Y cómo quedó absuelto del CRIMEN DE UN CIVIL

Del Batallón 2000 al servicio de Martinelli

Gustavo Pérez fue uno de los principales hombres dentro de las fuerzas especiales que creó Noriega, y lo acompañó hasta el final.

MANO DURA. Gustavo Pérez acompañó al Presidente electo en la presentación de su plan de seguridad. LA PRENSA1200310

 

Rafael E. Berrocal R.
UNIDAD DE INVESTIGACIÓN
rberrocal@prensa.com

Gustavo Pérez (hijo) no disimula su pasión por los temas militares, las armas y las tácticas de seguridad. Tampoco oculta su formación como soldado graduado en Estados Unidos, y su experiencia junto al ex dictador Manuel Antonio Noriega, que empezó en el Batallón 2000 y terminó en el comando elite llamado Unidad Especial Anti-Terror (Uesat), organismo vinculado a varias muertes de civiles durante la dictadura.

Allí llegó a ocupar el segundo puesto en mando, hizo frente al Ejército estadounidense durante la invasión en 1989, y fue vetado por el entonces vicepresidente de la República, Ricardo Arias Calderón, para regresar a la fuerza pública de Panamá.

20 años después, Pérez está por volver a la palestra pública para comandar la seguridad de todos los panameños, ya que ha sido designado por el presidente electo, Ricardo Martinelli, como el director de la Policía Nacional a partir de julio.

En su primera entrevista, Pérez aceptó hablar con este diario y responder a las preguntas sobre su pasado, su relación con Noriega, la visita al líder de Libia, Mohamar Kadafi, y su vinculación al crimen del civil estadounidense Raimond Dragset, el 19 de diciembre de 1989.

Él todavía mantiene su doctrina militar y al ver el tatuaje del fotógrafo de este medio al final de la entrevista, dijo: “así tú no puedes entrar a Panama Ports”. Fuentes de las ex Fuerzas de Defensa, que pidieron no ser identificadas, también hablaron de su experiencia con Pérez.

CON LAS BOTAS PUESTAS

Pérez, hoy de 48 años, llegó a Panamá en 1982 graduado de la academia militar The Citadel, Carolina del Sur, como licenciado en administración de empresas y ciencias políticas. Tenía una oferta de trabajo en el banco Bladex, pero se resistió a tomar este empleo porque –dijo– lo suyo era lo militar.

Por una semana, Pérez se sentó en las afueras del Cuartel Central intentando introducir su hoja de vida. En el quinto día un escolta de Noriega le recibió el documento y le dice: “te voy a dar la oportunidad”. Ese mismo día a las 5:00 de la tarde, Pérez recibió la llamada del Cuartel Central y le piden que se presente al Batallón 2000. “Me afeité la cabeza, limpié mis botas, me puse camuflaje, mi Rolex, y partí en mi BMW para mi primer trabajo”, narró Pérez en la entrevista.

El entrenamiento de admisión de Pérez a las Fuerzas de Defensa de Panamá fue de cinco meses. Pérez pasó por la escuela de paracaidismo, el grupo Pana-jungla, la fuerza anti-terror, y los denominados hombres rana.

SU ASCENSO

En 1987, en plena crisis de Noriega con Estados Unidos, Pérez fue pasado a la Uesat como sargento y llegó a escalar al rango de teniente y segundo en mando dentro de este equipo especial que operaba desde isla Flamenco y que días antes de la invasión tuvo que mudarse a Panamá Viejo porque los estadounidenses habían bloqueado la entrada a la calzada de Amador.

En ese cargo, Pérez cumplió con misiones de Noriega en el exterior y viajó como escolta de las hijas del general a Libia, donde se reunió con Mohamar Kadafi. En ese viaje también conoció al dictador iraquí Saddam Hussein y al líder palestino Yasser Arafat, durante una reunión de los llamados “países no alineados”.

Fuentes militares de esa época dijeron que la misión era concretar la compra de misiles tierra-aire para amedrantar al Ejército de Estados Unidos, pero ello no se logró. Pérez sostiene que la misión era conseguir un préstamo para el Estado panameño.

LA INVASIÓN

Pérez estuvo hasta el final del régimen militar.

Cuando Noriega le declaró la guerra a Estados Unidos, Pérez estaba recibiendo un entrenamiento en la base de infantería estadounidense llamada Fort Bening. La situación lo obligó a interrumpir el entrenamiento militar y regresar a Panamá para incorporarse a la Uesat en junio de 1989, grupo que estaba al mando de Ramón Díaz.

“Yo no comprendía la situación, mi problema eran mis hombres. Me promovieron a teniente y ejecutivo de la base, era el subjefe de la Uesat, el que ejecutaba las órdenes”, explicó Pérez.

“Estábamos listos para cualquier amenaza. Teníamos información 48 horas antes de que nos iban a invadir, pero siempre pensé que era un relajo”, agregó.

Llegó la invasión y Pérez con sus hombres salieron a dar la batalla. “Salíamos en operaciones secretas en los días de la invasión”, comentó Pérez. Incluso uno de los relatos del ex capitán Asunción Gaitán –considerado la mano derecha de Noriega, condenado por la masacre de Albrook y actualmente refugiado en Cuba– describe cómo uno de sus grupos se unió al comando de la Uesat para impedir el desembarco y el ataque de los helicópteros Black Hawk en el área de Paitilla con ametralladoras antiaéreas.

Pero no pudieron con la batería aérea de Estados Unidos. Pérez recibió un mensaje del vicepresidente Ricardo Arias Calderón para que se entregara. “Al final le dije a mis hombres: tomen vacaciones, todo se acabó”, comentó Pérez.

El 22 de diciembre, Pérez se entregó al Navy Seal en el aeropuerto de Paitilla y fue trasladado a la base estadounidense de Howard como prisionero de guerra. Días después fue liberado.

Dice Pérez que fue porque los gringos no le encontraron nada en su contra.

Pero al llegar a su casa lo estaba esperando el Departamento Nacional de Investigaciones (Deni) para arrestarlo por su vinculación en el crimen del estadounidense Raimond Dragset. Estuvo arrestado una semana en la cárcel Modelo, luego fue liberado por no haber pruebas en su contra.

ACUSADO DE GOLPE

Después de la invasión, Pérez tuvo varios intentos por entrar a la Policía Nacional y hasta fue acusado de estar promoviendo un golpe de Estado contra el gobierno de Guillermo Endara desde la Policía Municipal.

Pérez confirmó todos esos datos a este diario, pero negó que su intención hubiese sido dar un golpe a Endara. “Yo solo ayudé a la alcaldesa Mayín Correa a crear la policía municipal, nada más”, dijo el ex militar.

Antes de ello, Pérez había aplicado para jefe de la Policía Nacional, pero Ricardo Arias Calderón se lo había negado. Fuentes militares aseguran que fueron los gringos los que lo vetaron por su relación con Noriega.

Tras ese tropiezo, Pérez contó que encontró un trabajo como subcontratista en el Canal de Panamá en temas de seguridad operacional. Durante el gobierno de Ernesto Pérez Balladares fue nombrado director de seguridad aeroportuaria.

En 1997, Pérez entró como jefe de seguridad en Hutchinson Whampoa Limited en Panamá y llegó a ascender al cargo de jefe de seguridad de la compañía portuaria para toda América.

En 2004, Pérez hizo un nuevo intento por llegar al puesto de jefe de la Policía Nacional en el gobierno de Martín Torrijos.

Fue quien trabajó el plan de seguridad de Torrijos cuando ganó las elecciones. Su principal promotor era Rodolfo Charro Espino, tío del mandatario electo en ese entonces.

Pero a la hora de tomar la decisión, Torrijos designó a Gustavo Pérez (padre) en la Policía Nacional. “Yo le dije a mi papá que no se preocupara y que aceptara el cargo”. Él siguió en Hutchinson.

Ahora su sueño parece estar cerca de la realidad. Pérez se incorporó al plan de seguridad del presidente electo, Ricardo Martinelli, y este lo designó jefe de la Policía Nacional a partir del 1 de julio.

“Cuando me lo propuso yo le dije que era un honor servirle a la patria, pero también le dejé claro que era del Partido Revolucionario Democrático”, afirmó Pérez.

LLAMADAS DE NORIEGA

Fuentes vinculadas a Pérez sostienen que él todavía mantiene comunicación con Noriega, quien permanece en una cárcel en Miami, Florida. Pérez lo niega, pero aceptó que cuando su padre murió en septiembre de 2008, Noriega lo llamó para darle el pésame. “Es curioso, el presidente Torrijos no lo hizo, pero Noriega sí”, expresó Pérez.

Evitó hablar sobre su plan de trabajo porque lo considera contraproducente en estos momentos, pero sostiene que se trata de un reto muy difícil. Ahora Pérez señala que la misión que tiene es totalmente diferente a la que tuvo cuando trabajó para el comando de Noriega. “En ese tiempo mi misión era liderar tropas; ahora es otra”.


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