Opinión

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HORA DE DECIDIR

El voto estratégico

1195608Carlos Guevara Mann
opinion@prensa.com

Usted, que está pendiente de los acontecimientos nacionales e internacionales, sabe bien que la coyuntura actual es sumamente delicada. Para superarla, se necesitan liderazgos democráticos y desprendidos, dedicados a promover el bien común.

No son éstos los atributos de las candidaturas del “dieti-Alleyne-glicol”, los juegos de antaño y la Murciamanía, por lo que deben ser rechazadas en las urnas. Como lo expuso el Panorama Católico (25-26 de abril), “Los políticos que favorecen la corrupción y la violencia no merecen el voto ciudadano”.

Junto con liderazgos adecuados, se necesitan sistemas políticos apropiados para conducir a los individuos y las sociedades hacia su realización personal y colectiva. Esto no es ninguna novedad: en la tipología de regímenes políticos dada a conocer hace 2 mil 300 años por Aristóteles, algunos sistemas son “correctos” o “puros”, pues permiten al ciudadano tener una vida buena. Otros, orientados a la satisfacción de intereses personales o sectarios, son regímenes “deformes” o “impuros”.

Es obvio que el sistema político panameño es una deformidad. Tanto puede colegirse de sus orígenes ilegítimos, sus rasgos antidemocráticos y sus frutos podridos. (No en vano dice el Evangelio: “por sus frutos los conoceréis”).

Para expresarlo en términos aristotélicos –ya que aludimos a aquel sabio– el sistema político panameño tiene sus orígenes en una tiranía. Tras el desalojo de ésta, ha entronizado a una oligarquía. (Ambos, por cierto, son regímenes “impuros”).

La facción mayoritaria de esa oligarquía es el PRD, que aún hoy –a pesar de su íntima vinculación con la tiranía militar– mantiene el dominio del sistema político. Ese dominio le produce a la cúpula partidaria numerosos beneficios económicos y, al país, cuantiosos perjuicios.

El colapso de los servicios públicos (educación, salud, transporte), la inseguridad ciudadana, la corrupción, la impunidad y otros males que nos aquejan no surgen por generación espontánea. Son, en gran parte, producto de una institucionalidad antidemocrática e incorrecta, engendrada en la dictadura y mantenida hasta el presente por el PRD, su mayor beneficiario.

El pueblo panameño, que no es bruto, entiende que un cambio de modelo y de estilo político es necesario a fin de corregir el rumbo del Estado. Ese cambio requiere, en primera instancia, derrotar al PRD, partido que por su trayectoria terrorista y criminal debió ser proscrito en 1990. Ahora sólo queda aniquilarlo con un tsunami de votos.

Por eso es fundamental que cada ciudadano medite cuidadosamente, ejerza su derecho al sufragio con la mayor conciencia y cuide su voto con máxima diligencia. Como dice la campaña del Dr. Bernal: “Si votamos el 3 de mayo por la payasada, la mediocridad y la ladronería, después no nos quejemos del vergonzoso circo o del cartel de los sapos en que se está convirtiendo Panamá”.

Algunos lamentan que una vez más se hace necesario votar “en contra” –en vez de “a favor”– de una propuesta o candidatura. Hay que decirles que el voto contra los mayores enemigos de la democracia –que llevan al país aceleradamente al despeñadero– es totalmente justificado y debe ser ejercido cuantas veces sea necesario en defensa de la libertad.

Otros proponen el voto “en blanco” como protesta contra la podredumbre institucional. Aunque en teoría es una posición fundamentada, en la práctica no producirá ningún resultado positivo y presenta grandes riesgos. Un voto “en blanco” es un voto a favor del PRD, por varios motivos: entre ellos, evidentemente, porque una papeleta sin marca alguna puede fácilmente ser alterada a favor del oficialismo.

Los partidarios de esa propuesta razonan, además, que su voto será respetado en los escrutinios y que la oligarquía que desgobierna al país sería sensible a la emisión de numerosos sufragios “en blanco”. Se les olvida que no estamos en Suiza, Holanda o Dinamarca, sino en Panamá, donde la mafia que controla el sistema electoral se revuelca de la risa ante la ingenuidad de quienes pretenden cambiar el sistema con medidas propias de sociedades más evolucionadas.

En este país, sujeto a una oligarquía rapaz y abusiva, sólo se logrará un cambio cuando consigamos desalojar de todos los órganos de poder –nacionales y municipales– al PRD. El voto estratégico es el arma más efectiva que tenemos a mano para lograr ese cometido. Haga uso de ella votando por los candidatos que más opción tienen para derrotar al PRD.


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