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VÍNCULOS PARTIDISTAS
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Carlos Guevara Mann
opinion@prensa.com
Los magistrados electorales no toleran que les exijan cuentas. Cuando se objetan sus actuaciones, responden –mediante ventrílocuos– con falsedades y disparates, como los que publicó el 4 de abril, en la Página del Lector de este diario, un “ciudadano panameño” sin participación pública conocida.
Como es “ciudadano panameño” sabrá que los jerarcas del Tribunal provienen de partidos que han recurrido a la violencia electoral. El magistrado que más tiempo lleva en el cargo pertenecía al Pala, partido personal de Noriega, que participó en las actividades terroristas de 1984 y 1989.
Los diarios han divulgado numerosos “favores” que el susodicho ha recibido del PRD, incluyendo nombramientos de parientes en el servicio exterior (Crítica Libre, 30 de julio de 1998). En 2006 afirmó no haber tomado “vacaciones completas” en 16 años, por lo cual reclamó el pago de 135 mil balboas (La Prensa, 10 de febrero de 2006).
En 2004, adornó su entrega de credenciales al presidente electo con temas propagandísticos “propios de la campaña proselitista de Torrijos”. Alguien comentó que con ese “sí se puede” buscaba su propia reelección, lo que ocurrió poco después, cuando –sorpresivamente– fue renovado en el cargo por 10 años (La Prensa, 30 de diciembre de 2006).
El que le sigue en antigüedad fue miembro del PRD hasta que ese partido lo catapultó al Tribunal Electoral, en 1996. Antes fue secretario de la Asamblea en dos períodos, incluyendo uno en el cual 12 de las 67 curules de la cámara fueron fraudulentamente asignadas al PRD y el Pala, según el finado jurista César Quintero (La Prensa, 17 de abril de 1990).
En 2006 reclamó el pago de 85 mil balboas por vacaciones “no tomadas” (La Estrella de Panamá, 11 de abril de 2009). Además, admitió haber designado a por lo menos nueve familiares en el Tribunal Electoral (La Prensa, 11 de febrero de 2007).
El de más reciente incorporación a la magistratura también militó en el PRD. Fue asistente del procurador general cuando el Ministerio Público encubrió el asesinato de Spadafora, secretario de Noriega en la Zona Libre de Colón y estrecho colaborador del presidente Pérez Balladares.
En declaraciones públicas colocó a ese gobernante a la par de Jesús de Nazaret. Adujo que Pérez Balladares “es un servidor como Jesucristo. Se puso de último en la fila, está sirviendo al pueblo panameño” (José Blandón Figueroa, La Prensa, 18 de junio de 1998).
Su paso por la administración pública fue duramente cuestionado. El legislador Joaquín Franco lo acusó de utilizar recursos del erario “para hacer campaña política” (La Prensa, 24 de marzo de 1998).
Cuando el mandatario al que comparó con Jesucristo lo premió con el nombramiento de fiscal electoral, el presidente del Colegio Nacional de Abogados, César Guevara (q.e.p.d.), desaprobó su designación. ‘‘No goza de la confianza ciudadana debido a sus vinculaciones con el actual gobierno’’ –dijo– lo que ‘‘le hace mucho daño a la democracia’’ (La Prensa, 28 de febrero de 1999).
Sólo un adulador o un ignorante puede considerar semejantes antecedentes como indicios de “profesionalismo”, “ecuanimidad” o “seriedad”. Peor aún, muchas de las decisiones tomadas por el Tribunal Electoral violan el régimen democrático y los derechos humanos. El 11 de abril, en La Estrella de Panamá, Carmen Boyd Marciacq detalló las más recientes. Eugenio Morice ha denunciado hasta el cansancio la repartición fraudulenta del residuo en los circuitos plurinominales (La Prensa, 22 de marzo de 2009).
Repito que lo poco que nos queda de democracia corre peligro con un Tribunal Electoral dominado por el PRD. Al respecto, traigo a colación el editorial de El Panamá América del 6 de junio de 1999, que calificó las elecciones de ese año como “las más irregulares” en medio siglo, debido a las anomalías ocurridas en los comicios para diputados, alcaldes y concejales.
“Compra de votos, violencia, empadronamientos ficticios, actas alteradas, jurados abandonados y cuentas irregulares” dieron como resultado “al menos una docena de curules legislativas cuestionables”, entregadas “principalmente al oficialista PRD que, con ello, logra el control absoluto del Legislativo, habiendo perdido categóricamente la elección por la Presidencia, y sin que ello guarde ninguna relación aritmética con el total de los votos emitidos para legisladores”. Algo similar sucederá ahora si la oposición se duerme en sus laureles.
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