Opinión

  • Regresar al inicio
  • Enviar a un amigo
  • Imprimir
  • Enviar correcciones

TECNOLOGÍA

‘Internet–adictos

Daniel R Pichel
dpichel@cardiologos.com

Vivimos una época maravillosa en lo que a comunicaciones se refiere. Nunca antes hemos estado tan cerca de tanta gente como hoy en día. El internet (o la internet como le dicen algunos) representa el mayor salto tecnológico de los últimos 500 años. En su primer libro sobre el tema (The Road Ahead), Bill Gates comentaba que, desde la introducción de la imprenta por Gutemberg en 1439, no ha existido en el mundo un punto de inflexión tan marcado para el acceso al conocimiento como la “red de redes”. Algo que comenzó en los 70 como un árido sistema de información militar de letras verdes y pantallas negras para luego integrarse al mundo meramente académico, ha evolucionado a ser una herramienta que cambia el concepto de educación donde “saber algo” se convierte en un elemento secundario ante “saber dónde y cómo buscar ese algo”. Gracias al vertiginoso desarrollo de esta tecnología, tenemos literalmente a un click de distancia cualquier información que se nos antoje investigar en un momento dado. Y, lo más maravilloso, es que incluye cualquier tema por intrascendente que sea. Hace unos días conversaba con un grupo de personas sobre cine de mediados del siglo pasado. En la discusión surgió la duda de si Richard Widmarck estaba vivo o muerto. Realmente, nadie sería más o menos “culto” por saber si aquel tipo que tiraba por la escalera a viejitas en sillas de ruedas, ya era solo un recuerdo o si aún andaba por allí buscando a quien empujar. Al acalorarse la discusión, (los españoles y sus descendientes tenemos la facilidad de que cualquier conversación puede parecer una pelea) sacamos el celular con acceso a internet y con una secuencia de clicks, Google nos informó en unos cuantos milisegundos (sigue siendo un misterio para mí cómo puede buscarse tanta información en tan poco tiempo) que hay 636 mil enlaces en español e inglés donde se mencionaba al señor. Y en esa maravilla llamada Wikipedia encontramos una detallada biografía que decía que don Richard había muerto una semana antes. Contenía además una lista completa de sus actuaciones, premios, reconocimientos y datos de su vida personal. Por este mismo método nos enteramos unos minutos después que a uno de los grandes galanes de la época, Cary Grant, se le cuestionó sobre si era o no homosexual, a lo que una sólo exclamó: “No puede ser… ¡Qué desperdicio!”.

Ahora, al margen de estas irrelevancias cinematográficas, el World Wide Web nos pone a mano información muy importante que sirve para otras cosas, además de recordar amores de celuloide (¿quién no estuvo enamorado de Jacqueline Bisset?). Son incontables las ocasiones en que he utilizado la computadora para conseguir información sobre medicamentos, patologías, signos o síntomas de algún paciente. Al margen de que esta gran telaraña de información (que es de donde viene lo de Web) obliga a los profesionales responsables (al menos en la medicina) a mantenerse actualizados, pues cada vez son más los pacientes que llegan al consultorio después de hacer una extensa investigación sobre su padecimiento. Esto tiene sus peligro pues, al ofrecer acceso abierto a información médica, se confunden términos o se toman decisiones equivocadas, simplemente porque no supieron interpretar lo que leyeron.

El otro gran avance que ha propiciado internet es la comunicación personal por correo electrónico, chat, páginas personales, comunidades virtuales, blogs y quién sabe cuántos métodos más. Hoy podemos comunicarnos con cualquiera que esté al otro lado del mundo en forma casi instantánea. Ya parece remota la época cuando las noticias tenían que contarse por carta. Imagino lo terrible que tenía que ser informar a alguien la muerte de un ser querido hace 60 años. Imagínense abrir un sobre y repentinamente enterarse de que se había enviudado hacía un mes y que habría que criar a los hijos sin ayuda.

Para mí, el correo electrónico es una excelente forma de comunicación con mi selecto grupo de amigos (que ya no son solo electrónicos) del “Foro OpiniónPanamá”, donde he aprendido mucho, me he reído mucho y he ampliado mucho mis horizontes gracias a la forma respetuosa y seria como se abordan los temas más variados. En mi casa (como en la de otros “foristas”) el “forear” constituye una actividad habitual a la que se dedica un buen rato a lo largo del día. Esperamos que nuestra “palanca” en la RAE, nos permita que el verbo sea aceptado algún día en el diccionario.

Pero, también estos avances tienen sus problemas, a los que no escapamos quienes dependemos de ellos para trabajar y vivir. La privacidad y la paz que podían adquirirse durante unas vacaciones o un viaje han simplemente sido usurpadas por los botoncitos y pantallas. Si uno llega a un lugar sin internet nos da el “síndrome de webstinencia”. Yo lo uso para leer correos electrónicos, mi hijo para ver los resultados del fútbol, mi hija para chatear con sus amigas y cuando viajamos, todos leemos La Prensa. El caso es que ya no tenemos claro si la computadora es un accesorio nuestro o nosotros somos un accesorio de ella.

Pero, al margen de los virus, gusanos, spyware, spam y otras maldades electrónicas, entre lo malo de esta maravilla hay dos asuntos bastante más serios de lo que parece. El primero es el anonimato que genera el estar detrás del teclado a quién sabe cuánta distancia, y el segundo la libertad absoluta de escribir lo que se quiera sin tener que responder por ello.

Al final, el balance de lo que representa internet es muy positivo. Aunque, como todo, habrá que ir aprendiendo a usarlo en forma racional para que no llegue a constituirse en un problema en nuestras vidas.


Además en opinión


‘Internet–adictos: Daniel R Pichel
¿Es la educación un lujo?: Samuel Díaz Barranco
El final de los excesos: Julio César Ortiz Miranda
El imperio camino a la fragilidad: Belisario Herrera A.
Empezar desde la simiente: Antolino Herrera Castillo

Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá.

Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede
reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información acceda a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.