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CONTROL INSTITUCIONAL
1182045Carlos Guevara MannCinco años atrás, un multimillonario mercadeo logró presentar a un individuo totalmente anodino como el adalid de una “patria nueva”. Miles de jóvenes ilusos (y algunos viejos desmemoriados u oportunistas) se dejaron persuadir por esa publicidad engañosa y llevaron al poder a quien sus aduladores llaman “el excelentísimo señor presidente de la República” y sus compinches chitreanos, “Chiqui”.
Hoy, la inmensa mayoría de los panameños está loca por el cambio. Ello es así por los cerros de corrupción, la viajadera imparable (antes del 1 de julio habrá viajado cien veces, nos lo ha advertido su ampulosa consorte), la rampante inseguridad, el alza incontenible en el costo de la vida, las continuas violaciones a los derechos de la población y el deterioro incesante en los servicios públicos como el transporte, la educación y la salud. Y, por supuesto, las inclinaciones militaristas del “muñeco que pasea”.
A través de su estrategia de “tira la piedra y esconde la mano”, el susodicho muñeco ha hecho lo posible por reconstituir el ejército de papá Omar, el gorila Rubén y tío Tony. En ese empeño, hasta violó la ley, al nombrar a un uniformado en la dirección de la fuerza pública. En contubernio con Balbina, le encargó la remilitarización a un sujeto sangriento y mitómano, cuyo pasado insepulto ha quedado al descubierto en Panamá Viejo.
He allí la “patria nueva” de Martín y Balbina, quienes en su desesperación por seguir en el poder se han puesto a repartir “chocolates, galletas y suéteres”, lo mismo que “docenas de huevos y botellas de aceite para cocinar” en los barrios marginales (La Prensa, 29 de marzo), en vano intento por ganarse la simpatía de un pueblo que no ha recibido más que golpes y porrazos durante cinco años de vomitivo desgobierno. Esa es la “patria nueva”: clientelismo y compra de votos, venalidad y militarismo, y sometimiento de todos los órganos de gobierno a los caprichos de una cúpula ambiciosa e insaciable. “Patria nueva” es tiranía.
Con su cara de “yo–no–fui”, el muñeco que pasea controla la Asamblea Nacional, degradado apéndice del Ejecutivo; la Corte Suprema de (in)Justicia, disminuida sucursal del “palacio” de Las Garzas; y la mayoría de los gobiernos municipales, que han sido despojados de toda autonomía e iniciativa. Se tomó el Ministerio Público (cuyos titulares le hacen los mandados con abyección), lo desmembró y se llevó la PTJ para su feudo en Gobierno y Justicia.
Controla absolutamente el Tribunal Electoral y es allí desde donde la “patria nueva” puede herir de muerte a la República. Es verdaderamente insólito que los panameños hayamos sido tan pusilánimes como para permitir que un partido político –y, sobre todo, uno con el prontuario delictivo del PRD– controle exclusivamente el organismo que tiene a su cargo la organización de las elecciones y la adjudicación de las controversias electorales. En otro país, semejante usurpación hubiese generado un levantamiento ciudadano de enormes proporciones.
Los tres magistrados fueron servidores de la narcodictadura como hoy lo son de la “patria nueva”. Así lo demuestran sus decisiones antidemocráticas, como las que han impuesto contra las candidaturas independientes a la Presidencia de la República y la nómina entera de candidatos de Cambio Democrático al Parlacen. Y sabe Dios qué sorpresa nos han preparado para el 3 de mayo, no solo en la elección presidencial, sino también en la de diputados y gobiernos municipales.
La “patria nueva” está podrida. Pero Torrijos, Balbina y el Tribunal Electoral intentan mantenerla vigente a toda costa. Si el PRD, con su histórica conducta fraudulenta, atenta contra la voluntad popular en las próximas elecciones, dará al traste con lo poco que nos queda de gobierno republicano y democrático. Hay que advertirlo desde ahora y prepararnos para impedir ese desenlace funesto.
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