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SIN CONSECUENCIAS
Hay una canción infantil española muy graciosa que me ha venido a la mente durante los últimos 15 días, después de que David Murcia se desatara a contarnos su aventura panameña. Dicha canción, en el coro, repite las palabras que titulan la columna de hoy. Llevamos un par de semanas más efectivas que la ipecacuana para producir arqueos a cualquier persona normal. Como dice Pedrito en su última composición, DMG nos ha convertido en una letrina donde regó porquería (por no usar la palabra que están pensando) a diestra y siniestra y que ha resultado ser mucho más cierta de lo que originalmente pensamos.
Para comenzar, los miembros del gobierno insisten que la opinión pública dedica demasiado tiempo a lo que dice un delincuente. Pero esta es una percepción terriblemente equivocada. De lo que habla la gente no es del delincuente DMG sino de sus colegas panameños que aparentemente gobiernan y aspiran a seguir gobernando. Si este señor hubiera dicho que financió a Pito Pérez o a cualquier ciudadano común y corriente, todo se hubiera limitado a una investigación judicial. Pero, las palabras de Murcia salpican a autoridades de alto nivel y a quienes aspiran a serlo en el próximo quinquenio. Primero, involucró en sus “inversiones” a los dos principales candidatos del PRD. No sé si esto sea cierto pero, en general, la percepción de la ciudadanía es que no se sorprenderían si fuera verdad. Es triste que absolutamente nadie haya salido en los medios con argumentos como: “yo conozco a estas personas y garantizo que serían incapaces de aceptar esos fondos” (ni sus amigos lo dicen). Las excusas son otras. Una de ellas, proveniente de uno de nuestros más preclaros “padres de la patria” decía: “No es posible que si DMG consideraba a Martinelli el mejor candidato para Panamá, haya donado dinero a Balbina”. Francamente, después de escuchar a este sabio, solo resta pensar que hay quienes lo de hacerse el tonto le sale tan, pero tan bien, que parece que el asunto no es fingido. A DMG lo que menos le importa es quién le conviene a Panamá. Su interés era quién le facilitaría seguridad mientras mantenía sus negocios y su nivel de vida en nuestro país.
La segunda parte del cuento es lo que se refiere a la protección que el SPI brindó a DMG. Inicialmente, todos salieron vociferando: ˇeso es mentira!... Pues no, señores, resulta que es verdad. Así, en una “responsable nota, preocupada por la institucionalidad democrática”, la presidenta Mireya Moscoso informó que había descubierto que personas asignadas a su escolta cuidaron al susodicho en sus ratos libres. Así, todos aquellos que contradecían airadamente las declaraciones iniciales, no les quedó más remedio que salir con cara de cordero degollado (a la que ya nos tienen acostumbrados) reconociendo la veracidad de lo que dijo Murcia. Lo incomprensible es cómo no se ha destituido a nadie más que a los agentes que reconocieron su falta. No puedo entender que el director del SPI, el ministro de la Presidencia y todos aquellos vinculados al control de esta institución no renunciaran de inmediato o, en su defecto, no fueran despedidos ipso-facto por el Presidente. Si se va a proteger a alguien, como a sus amigos, debe hacerse siempre con la aprobación superior. A mí, en el pellejo de Martín me preocuparía la confianza que se pueda tener en los organismos responsables de cuidarnos, ya no solo a mí, sino a mi esposa y a mis hijos. Al margen de que esos agentes no hubieran notificado a sus superiores (lo que duda más del 60% de los panameños), la falta de control sobre las actividades del SPI es preocupante. Basado en eso, cualquier miembro de esta organización pudiera pertenecer a la mafia siciliana y absolutamente nadie respondería por ello.
Pero, por el lado del candidato a alcalde el asunto es aún más grave. Según dicen, saber que había cámaras de video en el lobby de la Torre Miramar, súbitamente le refrescó la memoria y ahora recuerda que sí se reunió con DMG… pero “han sacado de contexto el término vincular”. La excusa es tan burda, que raya en la falta de respeto. Además, los chismosos agentes del SPI dicen que no hubo una, sino varias reuniones entre esta gente. Me da la impresión de que, aunque no haya recibido dinero, la credibilidad de Velásquez ha quedado seriamente en entredicho (por su propia culpa) y, de ocupar la alcaldía, tendrá que convivir todo el tiempo con las consecuencias de este increíble y muy desagradable “desliz de la memoria” (que ahora llaman “Juega Bobby”).
Pero, lo triste aquí es dónde quedan los principios de una sociedad donde una confesión equivalente a “yo soy un mentiroso” no tiene repercusión alguna en la intención de voto. Porque estas cosas parecen ser ya “normales”. Así, el mensaje que enviamos al mundo es triste y desalentador. En Panamá, pueden decirse cuantas mentiras uno quiera y no habrá consecuencias… Con derramar unas cuantas lágrimas de borriguero, todo pareciera quedar en el olvido…
• Vamos a contar mentiras… ˇTrailará!: Daniel R. Pichel
• La violencia como problema social: Abel L. Guerra I.
• Celulares con sangre: Ricardo Brown Salazar
• Encaminados a la desigualdad: Néstor Manuel Morales G.
• El elogio de la verdad: Carlos Vargas Vidal