Opinión

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MORBOSIDAD Y DESCRÉDITO

Oh patria tan podrida

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

“Oh Patria tan podrida, que cabes toda entera, debajo de la sombra de nuestra corrupción, quizás fuiste tan rica, para que políticos pudieran, ultrajarte toda entera, sin ninguna compasión”. Si viviera hoy, esta estrofa sería una de las preferidas de Ricardo Miró.

Las declaraciones de Murcia apoyan lo que la sociedad ya intuía que ocurría: lavado de dinero, donaciones ilícitas a candidaturas y clientelismo gubernamental. El embarre esparcido contra miembros del PRD ha desatado una cascada de críticas contra medios de comunicación y empresarios diversos. La bola pica y se extiende. Si bien he cuestionado al periodismo criollo por promover incultura, adolecer de investigación objetiva, mancillar la reputación de ciudadanos sin respetar la presunción de inocencia y sacrificar ética por ratings, debo reconocer que, de no ser por sus noticias, la indecencia se apoderaría aún más del país sin ningún tipo de sonrojo. Digo sonrojo y no castigo porque la justicia panameña está infectada por la podredumbre circundante.

La ingeniera Balbina se hunde cada vez que aparece en pantalla. Ha mentido tantas veces que ahora, tristemente, la gente le cree más al maleante colombiano que a ella. Siempre les digo a mis hijos que mentir trae consecuencias lamentables porque, ante dudas razonables, se tiende a recurrir a nuevas falsedades para tapar la argucia original. Al final, la bola de nieve sepulta al embustero bajo un alud de incredulidad irreversible. Como mecanismo defensivo, ella optó por salpicar con regadera, sin pruebas convincentes en su haber. Primero, endilga el término narco-empresarios de manera visceral y especulativa. No pongo mi mano en el fuego por Martinelli o sus colegas comerciantes, pero esta acusación me parece una aventura riesgosa. Segundo, Murcia estuvo operando, hasta su captura, de forma aparentemente legal, por lo que seguramente entabló negocios con mucha gente. Si la campaña oficialista hubiera aceptado los contactos desde el principio, se habría salvado de tanta morbosidad y descrédito. Tercero, ella alega que el narcotráfico se ha apoderado de nuestra sociedad, sin querer recordar que ese flagelo fue común durante la dictadura militar y que su amigo Noriega fue juzgado en Estados Unidos por similar denuncia.

Es evidente que Murcia percibe traición y desea venganza. Utilizando estrategias de la mafia, aplica tortura sicológica, a ritmo de gotero, contra víctimas relacionadas a su extradición. Disecando entre sus palabras, se insinúan mensajes intimidantes. Sabe bastante más de lo que ha dicho e impresiona reservar testimonios de peso, posiblemente para mostrarlos hacia las postrimerías electorales. Pretende recuperar el cuantioso dinero perdido a como dé lugar. Debe haber multiplicidad de individuos involucrados en los ilícitos. De hecho, dos diputados le facilitaron coches lujosos libres de impuesto, mediante diligencias del señor Rodin, el protagonista del CEMIS, escándalo donde se esconden, impunemente, varios personajes de jerarquía política. Su procedencia de una tierra, donde la especialidad de sicario es parte del currículo del delincuente, debe alertar a los organismos de seguridad para que protejan a los destinatarios de sus obvias amenazas. No obstante, con agentes sirviendo al mejor postor, ante el insólito desconocimiento del Presidente, la nación anda a la deriva.

Toda esta trama novelesca se traduce en enorme daño a la imagen internacional del país. Analizando todos los ángulos del asunto, sin embargo, el efecto Murcia podría también tener un aspecto positivo. Este suceso debería obligar a los partidos a escudriñar las donaciones que reciben. Es un llamado a la justicia para que propicie la divulgación pública de la lista genuina de donantes de los candidatos a puestos de elección, establezca un techo a las dádivas, restrinja el volumen de propaganda y facilite la inscripción de independientes. Manda un mensaje a los mandatarios venideros para que se rodeen de ciudadanos de contrastada honestidad y capacidad. Queda claro que seleccionar a políticos de carrera para ocupar cargos de poder es una decisión peligrosa. Si realmente nos interesa el futuro y queremos evitar la ascensión de populistas mesiánicos o dictadores fascistas, urge eliminar a las sanguijuelas tradicionales del engranaje gubernamental.


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