
El Gobierno ha demostrado plenamente su indolencia en el manejo de la cosa pública, algunas veces para beneficiar a allegados y otras, simplemente, para retribuir favores. Un par de millones por aquí y otros por allá, sumados a los subsidios creados en la gestión de Martín Torrijos, hacen un hueco millonario que han venido tapando con más deuda, interna y externa. Entre prebendas, subsidios, exoneraciones, privilegios y toda suerte de dádivas ofrecidas diligentemente –cortesía de los fondos públicos–, el endeudamiento ha alcanzado niveles históricos. Confiamos que en los 100 días que le restan a esta administración se deje de seguir con esta práctica pues, a este paso, el sucesor recibirá tan solo ruinas.