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CONTAMINACIÓN EMOCIONAL
Hace varios años leí, divertida, el libro de la escritora y columnista española Carmen Rico Godoy, Como ser mujer y no morir en el intento, cuyo título no necesita mayor explicación. Tal como van las cosas en el país, para mantener mis facultades mentales intactas, y poder aguantar hasta el 3 de mayo sin morir en el intento, necesito un plan de acción con protección total que me permita sobrevivir en Panamá en tiempo de elecciones. Con tal propósito estoy preparando técnicas, pócimas, oraciones y talismanes. Sería una hazaña de mi capacidad de aguante si no enloquezco viendo y oyendo a los candidatos; los dimes y diretes entre todos los bandos, y el asolear de trapos sucios.
La pesadilla llamada David Murcia –buena para subir el rating en los medios de comunicación– es demasiado hasta para mis resistentes neuronas; que a este arrogante y charlatán pillo de siete suelas con ínfulas de empresario honesto (como si su fortuna fuese limpia) me lo tenga que aguantar mañana, tarde y noche, convertido prácticamente en árbitro de la campaña electoral, me da “dientera”. Independientemente de que sus afirmaciones sean ciertas, exageradas o puro invento de su monstruoso ego, humillado por el derrumbe de su faraónica vida, me resulta chocante que un tipejo de tan baja catadura moral, e insoportable insolencia y desparpajo, ose opinar como lo hace. Nada deseo más que este malandro esté en capacidad de presentar las pruebas de lo que afirma y de que suelte el resto de los que seguramente se tiene guardado. No obstante, algo me dice que la notoriedad (especialmente por razones del momento político) de este caso, se diluirá y este escándalo, con más tentáculos que un pulpo quedará, como tantos otros, convenientemente engavetado en algún despacho oficial.
De antemano sé que no va a ser fácil conseguir el estado de serenidad y cordura que deseo mantener en las pocas semanas que restan hasta el día de las elecciones. Las campañas anteriores que tengo registradas en la memoria, especialmente la de 1968, estuvieron salpicadas de acusaciones, de trampas, compra de votos y de todas las triquiñuelas de las que se valen los malos políticos. Pero la actual, sin haber llegado al final, se perfila como la más degradante, hasta irrespetuosa hacia nosotros, los ciudadanos de a pie. Que “en la guerra y en el amor, todo es válido” y que “el fin justifica los medios” no solo lo creen, sino que lo practican a fondo los políticos. El país está en medio de un torbellino cargado de sucesos trágicos; de muertes inmerecidas; de delincuencia en todas sus manifestaciones y de ñapa, esta tormentosa campaña electoral.
Los libros siempre son excelente refugio para huir de la cháchara y, en esta ocasión, de la cháchara política; para capear el temporal podría escoger uno de fácil y entretenida lectura, pero mejor sería uno que requiera “molienda mental” intensa; tendría que buscar una lectura densa, profunda, de esas que le hacen a uno volver a lo leído para poder seguir bien los pensamientos del autor; son libros buenos para atemperar las exaltaciones y, además, estimulan el intelecto, al que tan poco interés se le pone. En la campaña de 1999 me sirvieron de escudo El día de la muerte de Ricardo Reis del Nobel portugués José Saramago, y algunos otros que no recuerdo en este momento.
Esta vez, además de libros y música suave, me reforzaré con dos o tres tazas diarias de té de tilo, o gotas de valeriana. En reuniones familiares o entre amigos, mi primera solicitud será no hablar de política y menos, del pillo extranjero. Para resistir con estoicismo la contaminación visual que ofrece un país empapelado de frontera a frontera con los rostros y los poco imaginativos mensajes de los candidatos tendría que recluirme en casa, marcharme del país por un tiempo o internarme selva adentro, allá donde no llega la mano de la “civilización”. Como ninguna de las tres es posible, sigo en veremos con este punto.
Para evitar gastritis, estrés, arritmia, insomnio, ansiedad o iracundia, la mejor receta es cero telenoticieros en el desayuno, cero telenoticieros en el almuerzo, y cero telenoticieros en la cena. La televisión, especialmente, es absolutamente tóxica para la mente y el descanso nocturno. Menos daño hace ver, a la hora de dormir, los artificiosos cadáveres en CSI. Las Vegas, La ley y el orden, o filmes duros como Pulp fiction, El Padrino, o Amores perros. Según marchan las cosas, necesitaré estos y otros recursos para conservar la cordura y resistir hasta el 3 de mayo.
• Para sobrevivir en tiempo de elecciones: Berna Calvit
• El mal del pensamiento grupal: Luis Alberto Morán
• ¿Rescate o aniquilación?: John A. Bennett Novey
• Los buenos somos más: Manuel Danilo González Caballero
• El Cair y su repercusión: Juan Navarro Brin