Opinión

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IMPUNIDAD

Lo más grave de la crisis financiera global

I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com

Aun cuando muchos no piensen igual que yo, siento que lo más grave, el problema más profundo de la crisis financiera global no es el problema económico trágico que está golpeando a tanta gente. Digo esto, porque a pesar de que todavía no se ve la luz, esta es la parte material y, como decía mi querido y recordado padre, “los tiempos malos siempre se acaban … y los buenos, también”. ¿Cuándo se acaban?, solo Dios sabrá, porque ciertamente ni los economistas ni los políticos lo saben. Algunos norteamericanos inteligentes, a quienes respeto, ya hablan de una posible “década perdida de Estados Unidos”. Sin embargo, para mí lo más profundo de la crisis es que el mundo entero ha perdido, en un cataclismo, su mejor ejemplo de transparencia, integridad, regulación eficaz, honestidad y castigo, todos principios elementales. Todo sistema tiene su proporción de corruptelas y corruptos.

Se dice popularmente que siempre hay una que otra manzana podrida en cada cesta … pero en términos generales, haciendo excepción de una que otra manzana podrida, en los tiempos modernos Estados Unidos ha sido el ejemplo de integridad, honestidad, eficaz regulación y –sobre todo– castigo al malhechor, sin miramientos a su posición económica o social. Con esta crisis todo esto colapsó en un par de días catastróficos.

El Securities and Exchange Comission (SEC) –entidad controladora del proceso de emisión de Valores al público–, el Comptroller of the Currency –prestigioso organismo de regulación al sistema bancario nacional– y el Congreso –ente político popular celoso tradicional de sus obligaciones de supervisión para proteger al pueblo (sus electores)– … todos, absolutamente todos, en forma increíblemente irresponsable sucumbieron ante los grandes y poderosos intereses que estaban llamados a regular para proteger al gran público inversor, y a los depositantes bancarios. Han resultado ser, mayoritariamente, unos maleantes corruptos ... como dicen allá “¡Crooks!”.

Pero, lo más increíble es la revelación de cómo han actuado presidentes y ejecutivos principales (CEOs y CFOs) de las más grandes y “prestigiosas” empresas privadas de Estados Unidos, quienes se supone que como dirigen empresas públicas con miles y miles de accionistas, llegan a estos puestos en la cúspide por méritos propios y que en el filtraje de sus experiencias previas privan la honestidad e integridad como condiciones prioritarias.

Sin embargo, para dar tan solo un ejemplo increíble: Merryl Lynch (una de las casas de valores más prestigiosas) recibe muchos millones del Gobierno (o sea, del pueblo) para salvarla, y el Gobierno luego logra que Bank of America la compre para asegurar su salvación. Pues bien, el CEO (máximo ejecutivo) en medio de esto se gasta 1.5 millón para redecorar su oficina, y días antes de la transacción Bank of America paga bonificaciones multimillonarias “de incentivo” a sus ejecutivos (el absurdo de bonificar por el “servicio” de, junto a él, haberlos llevado a la quiebra). ¿Qué puede estar pasando por el supuestamente privilegiado cerebro de este CEO … que como todos los demás está dedicado a estos absurdos? ... empresarios corruptos … ¡Crooks!

¿Y qué hubo del castigo tradicional del sistema norteamericano? ... Madoff, Sanford, y todos los demás, tranquilos en sus mansiones. ¡Impunidad total luego de robarle a la gente, por ejemplo … 50 mil millones de dólares! (admito que yo no sé ni cómo contar en estas cifras).

Con el colapso de la sociedad ejemplar en términos de integridad, ¿qué ocurrirá en el resto del mundo? ... ¿estarán los maleantes justificándose diciendo “te lo dije, acá somos unos niños de pecho con lo que robamos”?

Este problema profundo de principios –aun con la esperanza que produce una presidencia Obama– me temo que podría tomar generaciones para corregirse. Por eso siento, que esto es lo más grave de la crisis financiera global.


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