Opinión

  • Regresar al inicio
  • Enviar a un amigo
  • Imprimir
  • Enviar correcciones

CASO VENEZOLANO

El poder y el delirio

I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com

Por cortesía del buen amigo Aurelio Yeyo Barría tengo en mis manos un magnífico libro sobre la actualidad venezolana, escrito por el prestigioso intelectual, historiador y escritor mexicano Enrique Krause, quien fuera compañero de letras de Octavio Paz. Krause indica claramente que escribe desde una “posición democrática y liberal con la posible convergencia con la tradición socialdemócrata de Occidente”.

Krause “toma absolutamente en serio a Hugo Chávez y ha querido comprenderlo”. Lo ayuda –escribe Krause– ser un observador mexicano, ya que “México, país que junto con Cuba, hasta ahora tenía el campeonato latinoamericano en distorsión histórica”. ¿Qué valor tiene que un mexicano escriba sobre Venezuela? Hugh Thomas dijo una vez: “quien solo conoce España, no conoce España”. Buscar el alma nacional con solo auto–conocimiento puede perder perspectiva y sentido de las proporciones. Es mejor buscar el adentro en el afuera, afirma el autor, quien recogió amplios testimonios de muchos actores de todas las facciones ideológicas, incluso de un número amplio de chavistas.

El libro hace un recuento histórico–político de Venezuela que, luego de las presidencias de Rómulo Betancourt parecía haberse vacunado contra la opción radical… ¡cuán equivocada fue esta apreciación! Venezuela era un país rico con muchos pobres que se decían “si mi país es rico y yo soy pobre, alguien se está robando mi dinero”. Esto, a la vez que las élites económicas y políticas se dedicaban al “nuevo riquismo” derrochador (¿le suena familiar?). Chávez llenó un vacío y no es un “bufón” absurdo y anacrónico –como aseguran sus críticos superficiales… es un continuador del proyecto de Fidel para Venezuela y América Latina.

Más que la ideología o lo que hizo en Cuba, lo que Chávez más admira del proyecto de Fidel es su control casi perpetuo del poder. Así, Chávez podrá seguir ganando elecciones; lo que no puede hacer es buen gobierno… lo que puede constituir una especie de suicidio colectivo, ya que carisma sin resultados tangibles se desgasta, y cada día son más los desencantados… lo que hoy existe es una especie de “mandonería” con una ideología parecida a una sopa “minestrone”.

Teodoro Petkoff, (con quien compartí tribuna en Venezuela durante nuestra crisis) cuya vida fue marcada por la revolución rusa así como por la cubana, y cuyos padres fueron comunistas europeos (padre búlgaro y madre polaca), inició su vida revolucionaria en la montaña como guerrillero; es hoy un crítico de Chávez desde donde más le duele: desde la izquierda legítima. Dice de Chávez: “Chávez no es fascista, pero tiene elementos fascistoides: el culto al líder providencial, a la tradición y la violencia, la manipulación histórica, el discurso brutal y agresivo de una ecuación amigo/enemigo (casi nazi)”. En el decálogo de la versión criolla fascistoide y anti–democrática de Chávez se cree que la libertad no se puede sumar… el poder, sí; y eso –no libertad– es lo que tiene el “pueblo”; no es libre pero es poderoso.

Un individuo solo no puede nada, pero la masa lo puede todo; el pueblo es –a priori– siempre víctima y debe ser defendido y guiado en contra de las fuerzas del mal, los enemigos, los “vendepatria”. Chávez es, entonces, a–la Fidel, quien señala rumbo; es “como el todo”. Es el propietario privado de su puesto público y quiere serlo hasta la eternidad. Sin embargo, luego de sus profundos análisis Krause –en un conversatorio con historiadores venezolanos de distintos sesgos ideológicos– escucha que “la versión de Venezuela no es apocalíptica… que es todo lo contrario, pues está claro que el casi 50% de la sociedad venezolana está conformado por una sociedad democrática que no solo cree, sino que milita por la reivindicación del principio fundamental de la soberanía popular”.

Chávez le está haciendo un gran servicio a Venezuela: ha puesto al país a pensar y a activarse políticamente. En segundo lugar, está destruyendo mitos que mantuvieron a los venezolanos dormidos e indiferentes. El mito Bolívar: Chávez ha acabado con ese mito de Bolívar; de Bolívar quedará poco después de Chávez. El mito del petróleo y, finalmente, el mito del ejército: Chávez ha convertido al ejército en una vergüenza. Chávez, en conclusión, está creando las bases de un país absolutamente nuevo, despojado de estos tres condicionamientos que tenían neutralizada a la democracia venezolana. “Por fortuna –escribe Krause– Chávez no es el único protagonista de esta historia.

Hay otro protagonista soberano: el pueblo de Venezuela… plural, diverso, pacífico, generoso y ahora militante… que sabrá defender su soberanía como lo ha hecho tantas veces”.

Que así sea.


Además en opinión


El poder y el delirio: I. Roberto Eisenmann, Jr.
Turbas que enturbian: Jorge Morales Quijano
La campaña política se olvidó del cambio climático: Claudia Martáns
El ‘flat tax’: Miguel Ramos
Sin relevo generacional: Leandro Ferreira Béliz

Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá.

Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede
reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información acceda a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.