
El candidato presidencial Ricardo Martinelli ha rehusado enfrentarse, en debate público, a los demás candidatos. Mal presagio de quien ha asegurado una y otra vez ser un aspirante diferente y auténtico.
Ahora que las encuestas le acompañan, le resulta muy cómodo no presentarse al foro. Así, los consejos de asesores –aquellos que precisamente siguen la vieja costumbre de esconder a sus candidatos si están al frente de las preferencias– lo han convencido de que no le conviene ahora dar la cara. Mal consejo y mala decisión, porque este país lo que requiere, precisamente, es salirse de las contaminadas ataduras y pensar en el derecho de los ciudadanos a conocer genuinamente a su candidato, no aquel maquillado por la propaganda.
Los ciudadanos panameños nos merecemos no uno, sino varios debates, de respeto y de propuestas, a la altura de los retos que tenemos por delante en los próximo años. Ni un buen eslogan ni una creativa campaña son suficientes para un país que demanda de sus candidatos, uno frente al otro, franqueza y convicción.