
Opinión |
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Hace algunos años los hijos del escritor Irving Wallace publicaron Las vidas íntimas de gente famosa, recopilación de 207 biografías de personajes en quienes el sexo revistió aspectos llamativos. No se trata de campeones del atletismo de alcoba, ni de individuos destacables por sus medidas o frecuencias. Sino de personas relativamente normales que se destacaron en variados campos de la política, la ciencia o las artes, pero cuya vida íntima ofrece algunos chismes chéveres.
El amorío de la soprano Adelina Patti con un enano; la confesión de Federico Nietzche de que se acostó con su hermana; el adulterio de Maria Curie con un hombre casado; las calabazas que le dio el bailarín Waslav Nijinsky a su colega Isadora Duncan; el hijo natural de María Montessori, educadora de niños, y la fama de pésimo amante que aquejaba al galán Clark Gable.
En esta lista donde aparecen personajes de variadas épocas y procedencias, solo figuran nueve de habla española. No se trata de una muestra representativa; en segundo lugar, siendo un libro anglosajón, no es extraño que soslaye a estrellas latinas del amor; por último, es evidente que resulta más fácil hallar información sobre ingleses y gringos que sobre gentes de otras latitudes. Por eso hay solo dos egipcios; un chino y dos representantes de la India, uno de ellos Mahatma Gandhi, cuya ideología de la resistencia pacífica constituye mala política en terrenos amatorios.
Los nueve ejemplares de habla hispana, hay cinco españoles y cuatro latinoamericanos. Son los españoles los pintores Francisco de Goya y Pablo Picasso; el torero Juan Belmonte; la reina María Luisa, madre del reconquistador Fernando VII; y la Bella Otero, apetecible damisela del París finisecular.
En cuanto a los latinoamericanos, asoman dos mexicanos, un dominicano y una sola mujer, Evita Perón. Colombia no figura, y considero su ausencia muy razonable. Yo pienso que estamos en mora de rendir homenaje a estos españoles enhiestos que sostienen en alto el prestigio de la pasión ibérica y el “Latin lover”. Lo mismo me propongo con esos cuatro hispanoamericanos que dejaron su impronta entre los 207 escogidos. Nombro al pintor mexicano Diego Rivera y sus decenas de compañeras de lecho y, al hacerlo, también nombro a Frida Kahlo, su esposa y colega, que tuvo, así mismo, varios amantes de importancia, entre ellos el político León Trostky. Y nombro a Doroteo Arango, alias Pancho Villa, revolucionario y político, con fama de haber sido durísimo, pero también tiernísimo con las mujeres. Siete veces se casó más o menos legalmente, y dos de sus cónyuges lo engañaron con sujetos menos machotes pero más estables que este incorregible y movedizo guerrero.
Del diplomático dominicano Porfirio Ruborosa se dice que fue el primer playboy latino internacional. Estaba casado con una hija del dictador Leonidas Trujillo, pero causó estragos en mujeres tan hermosas como las actrices Damielle Darrieux y Zsa Zsa Gabor, y tan ricas como Barbara Hutton y Doris Duke.
En lo que hace a Evita Perón, sabemos que su intensa actividad sexual está ligada a buena parte de su vida, pero el libro nos cuenta que Aristóteles Onassis pagó 10 mil dólares por una velada con ella. No sé qué opinen los argentinos, pero creo que en esto nos anticipamos a los Kennedy.
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