
Opinión |
|
OJO AVISOR
1156703Carlos Guevara MannEl muñeco que pasea dijo en días pasados que la alianza de oposición es un “acuerdo comercial como si el país se tratara de un negocio”. Vaya descaro del muñeco, como si no fuese él parte de una pandilla más insaciable y vesánica que la banda de Henry Morgan.
Más inteligentemente puede describirse el pacto opositor como un freno al fraude. El PRD no quería la alianza porque le complica el triunfo. Con tres candidatos en la oposición, era más fácil cocinar los votos para arreglarle una “victoria” a la Chola. Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela se percataron de esto a tiempo.
Varela explicó que tomó la decisión de aliarse con Martinelli en la feria de Ocú, “donde miembros del equipo de seguridad de la candidata Herrera amenazaron a una joven de Cambio Democrático”. Ese incidente lo hizo reflexionar: “Un resultado cerrado en la elección abría la posibilidad de que el PRD intentara hacer lo que hizo en 1984 y 1989” (La Prensa, 31 de enero).
Frente a ese peligro, la alianza opositora era la única respuesta sensata. Infortunadamente, quedaron fuera del pacto algunos sectores y no fue posible acordar candidaturas únicas para todos los puestos de elección, particularmente para la Alcaldía de Panamá. Miguel Antonio Bernal es, con creces, el aspirante más calificado para ese cargo; hubiese sido muy oportuno que todos los partidos de oposición lo apoyaran.
Lograda la alianza, no se puede bajar la guardia. Hay varios frentes en los que debe actuarse simultáneamente. En el campo electoral, hay que anticipar y saber responder a las tropelías del PRD y su satélite, el Tribunal Electoral. Porque al verse perdidos, pueden hasta suspender o anular las elecciones, como lo hicieron en 1989.
También hay que salirle al paso a la infiltración por el PRD, pues los jerarcas de ese partido, artífices del desastre nacional, intentarán entenderse con la oposición –si no lo han intentado ya– usando de comodín sus supuestas posibilidades de “facilitar” el triunfo y la transición al poder. Esas pretensiones deben ser rechazadas con firmeza, porque lo único que buscan es garantizarles impunidad a los saqueadores de la “patria nueva”, sin ningún beneficio para el país.
El aspecto programático es sumamente importante, lo mismo que la asignación de personal idóneo para el ejercicio de funciones gubernamentales. La fase electoral es efímera; el verdadero reto del estadista no es tanto alcanzar el poder como gobernar adecuadamente. Para lograrlo se necesitan planes coherentes y colaboradores competentes.
Martinelli ha prometido que gobernará “con los mejores, vengan de donde vengan” (La Estrella de Panamá, 30 de enero). Ese –junto con la integridad personal y una sólida vocación democrática– debe ser el criterio para la selección de personal y no el amiguismo o la partidocracia.
A fin de incorporar al pobre al desarrollo nacional, afianzar el sistema democrático y evitar un estallido social que conduzca al radicalismo, atender la enorme deuda social que ha dejado el PRD debe ser la prioridad del próximo gobierno. Como lo expresó en este diario hace unos años el Dr. Carlos Iván Zúñiga, citando al caudillo colombiano Jorge Eliécer Gaitán, hay que darle “un giro social a la democracia”. Es el tiempo de la democracia económica, “la que viste a los pueblos pobres de justicia social” (La Prensa, 8 de abril de 2006).
Con ese propósito, urge reestructurar y ampliar los programas sociales, depurándolos del clientelismo nauseabundo de que los ha impregnado el PRD. Es en ese ramo donde la participación del Partido Panameñista, por su historia de luchas en beneficio de las clases excluidas, puede ser más efectiva.
El partido y su presidente –Varela– deben convertirse en garantes de la justicia social y la efectiva ejecución de los programas sociales del gobierno de Martinelli. No dejen pasar la oportunidad para servir al país, que una vez más se les presenta en bandeja de plata.
• ‘Persona de carácter, honesta y capaz’: Paulino Romero C.
• Hacia la liberalización del recurso de casación penal: Irving Domínguez Bonilla
• Freno al fraude: Carlos Guevara Mann
• Colón, cementerio de sueños: Alfredo Ernesto Pascal
• Una nueva República: Jorge Gamboa Arosemena