Opinión

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OPTIMIZACIÓN

Reto frente a la educación y la cultura

Priscilla Delgado
opinion@prensa.com

El mejoramiento de la educación y la cultura son determinantes en el futuro de nuestro país, si es que queremos dejar de pertenecer a los países en vías de desarrollo, como hasta hoy. Este es un país marcado por contrastes, realidades históricas y culturales muy complejas y con un porcentaje muy alto de la población que vive en condiciones de extrema pobreza.

El desarrollo educativo está rezagado y por mucho que se hayan implementado proyectos educativos novedosos, éstos no permean en las clases realmente necesitadas de una herramienta que les permita insertarse en la llamada sociedad civil.

La alta inversión en educación ha sido manejada de forma que cubra los gastos necesarios para mantener la educación con un mínimo de carencias y sin poder llegar a tocar el fondo, con verdaderas reformas educativas, con renovaciones que ya no pueden esperar.

Igualmente sucede en la parte cultural, subyace en un limbo y nadie sabe para qué sirve y tampoco parece interesar a nuestros gobiernos, porque esto no aumenta el PIB, y los pocos recursos que se han destinado para cultura no se han visto aprovechados en una verdadera inversión, sino que han sido utilizados en gran parte para pagar los gastos de funcionamiento de las pocas instituciones dedicadas a promover la cultura.

Ejemplo de ello lo es el abandono de los museos en todo el país, algunos en lamentable estado de deterioro; de la escuela de música, cuyas instalaciones son una ofensa para los que intentan incursionar; sin contar con el resto de la instituciones ya establecidas en donde se intenta hacer algo por la cultura. Todo esto con la paradoja de que contamos con excelentes profesores, con una Sinfónica Nacional de lujo, y con estudiantes ávidos de abrirse paso en el difícil mundo del arte.

El rol de la educación y la cultura le corresponde al Estado, en cambio vemos que casi se ha vuelto propiedad exclusiva del sector privado, de las ONG, de la sociedad civil, y paradójicamente, el rol cultural lo llevan instituciones como la Alcaldía. A pesar de que esta institución tampoco cuenta con un gran presupuesto, es evidente que ha mantenido gran interés (por lo menos la del distrito capital) y ha sostenido un espacio para la cultura y la recreación. Ejemplo de esa labor son las temporadas de verano, el apoyo a todas las creaciones artísticas y culturales como las ferias internacionales del libro y el Festival de Jazz, entre muchas otras; además de la incursión en casi todos los rubros que tienen que ver con nuestra identidad nacional.

También vemos el caso de la ya la casi obligada educación en universidades y escuelas privadas, olvidándonos que la responsabilidad de educar, es un compromiso de Estado.

Igualmente lo hace la ACP, me pregunto. ¿Les corresponde a estas instituciones asumir un rol que ya está institucionalizado y para lo cual hay infraestructura, personal preparado, comprometido y eficiente?

La respuesta es clara, después de la invasión se ha puesto en evidencia que ni la cultura ni la educación son vistas como inversión, constituyéndose ambas en industrias rentables.

La primera, la educación, que le provea al país profesionales de provecho y la segunda, la cultura, que debe ser una industria rentable como lo es en muchos países, en donde el patrimonio cultural vaya de la mano con todas las instituciones que tienen que ver con esta, como lo es el sector turismo, y el deporte, en donde se generan miles de empleos, cuando la misma es trabajada con responsabilidad.

Panamá es uno de los pocos países que tiene en desuso las imprentas estatales, con la consecuencia de que es difícil producir libros a bajo costo, lo que es en teoría el objetivo de éstas. Hay fórmulas que se han probado que son exitosas, en las que la empresa privada y el gobierno logran alianzas que redundan en beneficio para la educación: la producción de libros a bajo costo, pero buena calidad, adecuados a los requerimientos curriculares que lleguen oportunamente a manos de los estudiantes y para cuya producción no haya despilfarro y que tengan la calidad que corresponde.

El próximo gobierno tiene que tomar en cuenta que las industrias culturales son generadoras de cambios y que no se puede desconocer en ningún plan de gobierno la importancia de estos dos rubros , porque nuevamente el tiempo no da tregua para esperar a que nuestros jóvenes tengan un mañana esperanzador.


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