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‘SALUD IGUAL PARA TODOS’
Hay tanto para comentar que vacilé, hasta último momento, sobre el tema de esta columna. Por un lado, la entrevista que le realizó Flor al pastor de Hosanna. Vaya desfachatez. Este mercader de la fe no tuvo reparo alguno en insinuar que no es más rico porque aquí, a diferencia de lo que ocurre en otras latitudes, la gente no honra a los mensajeros de Dios. Tristemente, los candidatos presidenciales, con tal de ganar electores desde los púlpitos, fingen quedar poseídos por los poderes del charlatán y prometen vetar proyectos que favorecen a la salud pública del país.
En los predios de la consanguinidad mística, la incoherencia no es tan diferente. Los obispos católicos quedaron estupefactos al ver cómo reaccionaron los feligreses del Jesús de Atalaya y los exhortaron a no idolatrar imágenes. Curiosa petición. Es el mismísimo Vaticano culpable de crear una gran gama de íconos (santos, vírgenes y cristos) para ser adorados por sus seguidores.
El punto más relevante, no obstante, fue la suspicacia generada por los inciertos motivos para llevarse un símbolo de tanto valor histórico, con casi un siglo de antigüedad. Los jerarcas eclesiales mintieron tres veces, al mejor estilo de Judas, para capear los ánimos. Deprimente. La superstición es más tolerable que la mentira. Finalmente, maletines sobornadores y alianzas repugnantes van y vienen, en demostración de que política y suciedad son sustantivos sinónimos. Si Chávez puede comprar votos en Argentina porqué no lo pueden hacer nuestros partidos localmente. Todos felices, salvo los míseros pueblos. Descarados.
Hoy quiero dedicar unas líneas a una institución que cursa su cumpleaños número 40. Recientemente, la ministra Turner condecoró al Dr. José Renán Esquivel, primer ministro de Salud, por su pionera y visionaria labor al frente de la entidad. Fue él quien acuñó el famoso, aún utópico, estribillo “Salud Igual para Todos”. Fungió, también, como director del Hospital del Niño por 28 años. A mi juicio, sus líneas de pensamiento eran más cónsonas con las funciones de la entidad ministerial que con las metas de un nosocomio de atención terciaria. No obstante, supo inculcar al personal pediátrico subalterno, una extraordinaria mística laboral y sensibilidad humana, cualidades que todavía perduran en muchos de sus discípulos. La distinción es un justo reconocimiento a un médico creativo y humanista, adelantado a su época.
En estas cuatro décadas, la institución ha obtenido logros significativos en materia de salud. La expectativa de vida ha pasado de los 65 años en 1970 a más de 75 años en la actualidad. Las tasas de mortalidad infantil y materna se han reducido en más del 60%. A través de la inmunización, se han erradicado infecciones graves como viruela, polio, sarampión, difteria o rubéola congénita y minimizado otras como meningitis, tos ferina, parotiditis, diarrea por rotavirus y tétanos. Solo seis vacunas se aplicaban en el esquema nacional durante las primeras tres décadas, pero otras seis han sido incluidas recientemente, cinco de éstas en los últimos cuatro años de gestión.
Un formidable acontecimiento fue la reciente implementación de la Ley “Antitabaco”, que convirtió a Panamá en país líder en políticas y control de humos, iniciativa que ha permitido eliminar el consumo de este tóxico en áreas abiertas y cerradas de gran concurrencia. Otros avances incluyen mejoras en saneamiento ambiental, en detección temprana de enfermedades emergentes o re-emergentes, en seguridad hídrica o alimenticia, en vigilancia de comestibles vendidos en restaurantes, supermercados o puestos ambulatorios, en capacitación de parteras rurales, en programas de nutrición escolar o lactancia materna y en redes de digitalización o telemedicina.
Quedan temas importantes por enfrentar. Intensificar eficiencia y rapidez en los trámites de evaluación, registro, suministro y fármaco–vigilancia de medicamentos, regular la entrada y publicidad engañosa de la medicina alternativa y productos botánicos, fomentar la educación en hábitos saludables de vida, salud sexual, control prenatal e higiene dental, asegurar una adecuada disposición de la basura y desechos hospitalarios, construir un nuevo Hospital del Niño, confeccionar una ley general de salarios progresivos para todos los profesionales de la salud y apuntalar todos los aspectos de la rectoría (calidad, humanización, rendición de cuentas, actualización de conocimientos, ética profesional, bioética asistencial).
Como ven, las funciones del ministerio son muy abarcadoras y se concentran primordialmente en actividades de prevención y promoción. Urge, por tanto, unificar el sistema sanitario público para liberar al Minsa de la provisión de servicios asistenciales orientados al manejo de la enfermedad. Así, robusteceremos el nivel primario de atención, de cuyo éxito dependen, en gran medida, los índices de bienestar colectivo.
Se requiere mucho dinero para optimizar todos estos procesos. Es grato saber, que el presupuesto estatal asignado a salud ha sido incrementado considerablemente, a 864 millones en 2009. ¿Qué hace falta, entonces, para cumplir realmente con el lema “salud igual para todos”? Una total despolitización y “desgremialización” del sistema. El próximo presidente tendrá esa impostergable tarea. Que no se acobarde.
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