Reciclaje por fases

En la casa deshuesamos nuestras presas: los huesos van para el caldo y las presas a cocción.

Hay muchísimas maneras de utilizar las sobras de un banquete: solamente se necesita imaginación.

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ANA ALFARO
ESPECIAL PARA LA PRENSA

vivir+@prensa.com

En casa somos soperos, qué te voy a decir. Solíamos tener una Setter Irlandesa, una perra absolutamente hermosa, que como buena cazadora de aves adoraba el pollo y todo lo que tuviera plumas.

Una vez la llevé a la finca de unos amigos, y le mató no se cuántos pollos al cuidador de la finca. Resultado: Nina quedó exiliada y más nunca cruzó el río Tetita.

A lo que iba, es que lo que solíamos hacer era comprar pescuezos de pollo sin pellejo, y hacer un rico caldo con recao verde, cebolla, zanahoria y apio. Nina se comía los pescuezos y nosotros teníamos fondo de pollo para cualquier sopa, fría o caliente, que se nos antojase.

Y aunque ya Nina no nos acompañe y la veterinaria le tenga prohibido comer pescuezo de pollo a los perritos que tenemos ahora, no se nos ha quitado la manía de hervir carcasas de pájaro, huesos de jamón, en fin, de reciclar los restos del banquete de cuanta forma sea posible.

Un ejemplo perfecto de esta filosofía es una carcasa de pavo o pollo, con la que se hace un rico fondo al que se le añade, según lo que quede en la despensa, más carne de pavo, vegetales, papas picadas y siempre, siempre, cebolla, zanahoria y apio.

Las papas, por lo general, se desintegran (bien por cuenta propia o las majamos) lo que le da textura a la sopa. Otra forma de hacerlo, cuando vas a hacer pechugas en “filete”, o sea, sin osamenta, es comprarlas con huesos y pellejo.

Las deshuesas, y si eres muy ahorrativa como mi abuelita, la que vivió dos guerras y una recesión, por lo que no botaba nada, entonces agarras el pellejo, lo cortas en pedacitos chiquitines, y lo pones en una pailita a fuego bajito, bajito, hasta que rinda toda la manteca.

En casa, los chicharrones me los como hasta yo (no hacer esto si tu resolución de año nuevo fue perder peso); en cuanto a la manteca, Grandma la guardaba en un frasquito en la puerta de la nevera, y la usaba para dorar carnes o vegetales.

En vista de que estamos al borde de la peor recesión vista en la historia de Estados Unidos (desde la desplome bursátil de 1929), con la diferencia de que ésta afecta al mundo entero, ¿no será hora de aprender a usar hasta la última sobrita?

Vea Y las sobras, ¿qué?


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