
[CRISIS]
Después de un corte total durante una semana, Ucrania detuvo el suministro del combustible tan necesitado en Europa, alegando que no se daban las condiciones necesarias para el transporte.
Ulf MauderEl thriller del gas en torno a Rusia no tiene cuándo acabar. La esperanza de las miles de personas que pasan frío en el sur de Europa, así como de la industria europea castigada por la falta de energía, se evaporó ayer, igual que el gas que Moscú empezó a bombear a Occidente.
Después de un corte durante una semana, Ucrania detuvo el suministro del combustible, alegando que no se daban las condiciones necesarias para el transporte. En el espectáculo montado por ambos países, los gobiernos de Moscú y Kiev parecen centrar su empeño en que el otro quede mal a los ojos del mundo. En el peor de los casos, Ucrania permitirá el tránsito del gas cuando se haya firmado un nuevo contrato, esta vez respecto al transporte, con Rusia. Durante las negociaciones de los últimos días, la UE había obviado la disputa por las condiciones del tránsito entre Kiev y Moscú. A pesar de ello, Bruselas esperaba que volviera a fluir el gas luego del acuerdo del pasado lunes entre ambas partes, que hacía referencia a la supervisión del suministro para Europa. La energética rusa Gazprom sostuvo que había cumplido y que el gas empezó a ser bombeado a partir de las 7:00 a.m. Poco después, empezaron una vez más las acusaciones mutuas, porque los inspectores no habrían tenido acceso a las estaciones de control.
La prensa moscovita calificó hace una semana como un triunfo el que Rusia consiguiera imponer sus condiciones para el trabajo de la misión de observadores, en la que consideran la más dura de todas las “guerras del gas”. El último bloqueo era previsible. Ucrania exigía que Rusia les brinde gratuitamente el así llamado “gas técnico”, para que los ductos sean puestos en funcionamiento. Se trata de un monto considerable de 21 millones de metros cúbicos al día, que Rusia quiere que se le retribuya a precio de mercado.
Moscú lleva tiempo advirtiendo a Kiev que no “robe” esas cantidades del combustible. Pero el consorcio energético Naftogaz sigue empecinado en cimentar esas entregas gratuitas en un nuevo contrato de transporte. Un juzgado ucraniano había declarado que el actual contrato, vigente hasta 2010, era “nulo”.
Según Ucrania, el texto fue firmado hace tres años por una parte no autorizada.
Ucrania quiere fijar nuevas tarifas en un nuevo contrato, y Rusia retomó ayer el suministro sin tener en cuenta esos flancos abiertos. La cantidad del bombeo debía subir de los 76 millones de metros cúbicos iniciales a las cantidades habituales de 300 millones al día. La UE y Ucrania criticaron las cantidades con las que retomó el suministro, sin considerar que Rusia calcula que los ductos deberían estar llenos y que solo sería necesario dar un leve empujón desde atrás para que el gas llegue a Occidente. Aún no ha sido aclarado si los gasoductos estaban completamente vacíos, pero el vicepresidente de Gazprom, Alexander Medvedev, mostró irritación tras el nuevo fiasco, porque la imagen de Rusia como proveedor sigue cayendo y las arcas del Estado registran pérdidas millonarias.
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