DERECHOS HUMANOS. la PRISIÓN QUE NADIE QUIERE

El complicado final de Guantánamo

Aunque Barack Obama se comprometió a cerrar definitivamente la prisión ubicada en la base militar que EU mantiene en Cuba, hay obstáculos por salvar.

PROTESTA. El repudio que genera Guantánamo por sus cuestionadas condiciones y régimen ha precipitado la intención de cerrar la prisión para acusados de terrorismo. REUTERS/Enrique Castro-Mendivil1147377
ARISTIDES CAJAR PÁEZ
acajar@prensa.com

El limbo. Un lugar que no está en ninguna parte. Una tierra donde no operan las leyes comunes ni las circunstancias comunes. Un reducto apartado del mundo. Así es la prisión de Guantánamo.

Enclavada en la base militar que Estados Unidos mantiene en el sur de Cuba, vigilada día y noche desde lejos por el Ejército cubano y rodeada del campo minado más grande del mundo, la prisión de Guantánamo se convirtió en el sitio de detención predilecto para los acusados de terrorismo después del 11 de septiembre de 2001. Y en una mancha en el récord de respeto a los derechos humanos de Estados Unidos.

En Guantánamo permanecen personas detenidas sin juicio, sin acusaciones formales, sin procesos ni abogados ni derechos. A sus “habitantes” se los considera “combatientes enemigos”, una categoría discutida y discutible en el ámbito del derecho internacional.

El presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, planea iniciar su desmantelamiento cuanto antes. Pero ha admitido que ello no será rápido ni fácil. Hasta ahora ningún país se ha comprometido formalmente a recibir a los prisioneros que alberga, y no está claro si sus condiciones judiciales de detención cambiarán.

Sin embargo, el anuncio de su pronto cierre ha llenado de esperanza a las miles de voces que desde hace años claman por el cierre de este lugar.

ANIVERSARIO

Los 20 primeros prisioneros llegaron a Guantánamo el 11 de enero de 2002. Exactamente el domingo que pasó hizo siete años. Provenían principalmente de Afganistán, país que EU había invadido meses atrás en procura de destruir el cuartel general de Al Qaeda y sacar del poder al régimen talibán que lo amparaba.

Llegaron hasta allí encadenados, encapuchados y sedados. La crítica de la comunidad internacional debido a este trato no tardó en llegar.

El Gobierno de Estados Unidos los calificó entonces como “combatientes enemigos ilegales”, un término no reconocido en los convenios internacionales.

El 30 de julio de 2004 comenzaron a funcionar las juntas militares, encargadas de determinar quién podía ser tenido como “combatiente enemigo”. Varios fallos judiciales habían determinado que los detenidos en Guantánamo no estaban sujetos a las leyes estadounidenses, porque la prisión estaba en un terreno “alquilado” a Cuba.

El 29 de junio de 2006, el Tribunal Supremo resolvió que los nuevos tribunales militares no eran legales porque excedían sus atribuciones en tiempos de guerra. Sin embargo, el Gobierno estadounidense ha defendido su validez

A finales de 2004, un informe de la Cruz Roja Internacional y la filtración de notas internas del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI) reconocían el uso en la base de tácticas de coerción psicológica y física, equivalentes a torturas.

DILEMA

Obama deberá decidir qué hará sobre el tema de Guantánamo antes del 26 de enero, seis días después de asumir como presidente. En esa fecha se inicia el juicio contra el canadiense Omar Kahdr, detenido en Afganistán cuando tenía 15 años. Este deberá comparecer ante los tribunales anti-terroristas en Guantánamo.

Obama “tiene que anunciar un plan específico antes de esa fecha”, de lo contrario les daría un respaldo implícito a esas cortes, dijo a la agencia EFE Sarah Mendelson, una experta del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Nadie cree, como lo admitió el propio Obama la semana pasada, que el cierre de Guantánamo pueda ser rápido y sencillo.

El Presidente electo deberá encontrar soluciones para tres tipos distintos de detenidos: aquellos a los que el Pentágono exculpó pero que no puede repatriar porque serían torturados en sus países de origen; los que el Pentágono considera peligrosos, pero no tiene suficientes pruebas contra ellos; y por último, aquellos como Jalid Sheij Mohamad, cerebro de los ataques del 11 de septiembre, peligrosos y contra quienes obran todas las pruebas necesarias.

DIFICULTADES

Aun en el caso de aquellos prisioneros que claramente son inocentes, o contra los que no hay suficientes pruebas, ningún país se ha mostrado claramente dispuesto a recibirlos, pese a las señales positivas de la Unión Europea y otros países. Hasta ahora no hay compromisos.

Obama deberá iniciar un intenso cabildeo con los países que se aliaron a EU durante la guerra en Afganistán e Irak para que ayuden con el problema. Peor aún. Tendrá, en determinadas circunstancias, que aceptar prisioneros en territorio de EU en los casos que acepten ser juzgados por las leyes continentales de ese país.

Por lo pronto, nada hace presagiar un final muy rápido para el purgatorio de los uniformes naranja enclavado en la tierra de nadie.

Liberados son reincidentes

El Pentágono de Estados Unidos dijo el martes que 61 ex reclusos de la prisión militar de la bahía de Guantánamo, en Cuba, habrían vuelto a involucrarse en el terrorismo desde su liberación, según informaron las agencias de noticias EFE y REUTERS. El portavoz del Pentágono Geoff Morrell precisó que 18 ex internos estaban confirmados y otros 43 eran sospechosos de haber “retornado a la lucha”. También indicó que las cifras, actualizadas a finales de diciembre, reflejaban un crecimiento de la tasa de reincidencia respecto al informe previo, en el cual se establecía que 37 ex presos habían vuelto a ser militantes activos. El portavoz dijo que las cifras proceden de la Agencia de Inteligencia de Defensa. En algún momento hubo más de 600. El Pentágono ya ha autorizado la liberación de 50 prisioneros, pero no puede devolverlos a sus países de origen porque allí podrían ser perseguidos.


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